"Y pues V.M. escribe se le escriba y relate el caso por muy extenso, parescióme no tomalle por el medio, sino por el principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto."

El Lazarillo de Tormes

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sábado, 6 de septiembre de 2025

Debemos un gallo a Asclepio

"Critón, debemos un gallo a Asclepio. No olvides pagárselo."

Aunque no está en absoluto claro, se cuenta que Sócrates en cierta ocasión dijo a Critón que le parecían inútiles los sacrificios a Asclepio, y que él sólo le sacrificaría un gallo si este dios le permitiera morir filosofando y rodeado de sus amigos. Las de arriba son sus últimas palabras.


Las páginas en blanco me ponen nervioso. Un horror vacui me asedia y tengo que empezar a escribir, aunque no sepa qué. ¿Será la vida una página en blanco que vamos llenando con nuestros actos, con manchas y borrones, e incluso, alguna vez, con trazos bellos? ¿O será, más bien, un camino marcado por el que vamos transitando letra a letra, paso a paso, cumpliendo lo que alguien ya escribió sobre nosotros? ¿Libertad o predestinación? ¿Caos u orden? ¿Dios o la nada? ¿La ciencia? ¿Qué ciencia? ¿Quién cree en la ciencia? ¿Qué sabemos? ¿Qué saben, y en qué creen, los que juegan a ser Dios? No digo los científicos: digo los que juegan a ser Dios. En cualquier caso, estoy aquí, delante de un papel que ya no está tan en blanco, escribiendo. ¿Por qué escribo? Quizá porque alguien me lo ha pedido o quizá porque necesito hacerlo.

La última entrada de este blog es de hace cinco años, y retomar la pluma después de tanto tiempo no resulta fácil. He perdido referencias, y puede ser que me haya deshecho de ciertos tópicos que me acompañaban constantemente, o que los haya sustituido por otros; no lo sé. Tendré que descubrirlo. Con la pandemia, el mundo se me presentó desencantado. De repente vi las cuerdas de las marionetas, las manos que movían los guiñoles. Antes había intuido algo, porque siempre me han interesado las finanzas y veía la manipulación en los mercados y la economía, pero no pensaba que esa manipulación pudiera llegar a todos los ámbitos de la realidad. El marco mental del que me había servido para interpretar el mundo ya no me valía; la tramoya había quedado expuesta ante mis ojos. Tenía que repensarlo todo, y dejé de escribir. ¿Era Matrix algo más que una película? ¿Era el mito de la caverna una verdad de siglos de una magnitud tal que el prisionero realmente era incapaz de darse cuenta de su estado? ¿Cómo había podido yo (¡yo!) ser tan iluso y estar tan engañado? La manipulación fue tanta que, en ese momento, se vio la mascarada y descubrí un mundo mucho más cínico y perverso de lo que había imaginado. Fuimos muchos los que nos dimos cuenta. El mundo era un casino turbio en el que unos actores guiaban a unos ciegos. Habíamos votado a corruptos que estaban a las órdenes de unas élites que los habían comprado a precio de saldo para hacer fortuna a nuestra costa. 

En El Show de Truman, todos los actores son pagados y manipulan a Truman, salvo la chica que se enamora verdaderamente de él y que intenta salvarlo. Nuestros políticos son los actores del show y están a las órdenes de plutócratas que nos estafan y nos perjudican en el ámbito de la salud, del medio ambiente, de la economía, de la educación, de la justicia y de la guerra —esa guerra que destruye vidas y haciendas con armas pagadas a empresas privadas con nuestros impuestos; esa guerra que después permite que ciertos magnates y fondos de inversión se lucren con las reconstrucciones—. 

Si soy sincero, si yo hubiera sido Truman, cuando hubiera descubierto el engaño, me habría callado y me habría aprovechado de todos los idiotas que estaban intentando engañarme. Pero la realidad no funciona así. Durante la pandemia fue el momento de mi vida durante el que más duro he trabajado. Yo no era el único Truman, y por lo tanto no podía aprovecharme de aquellos que todavía seguían actuando sin saberlo en el show. Uno no puede aprovecharse de un juego corrupto para poner las cartas a su favor, sino que lo que tiene que hacer es cargarse el juego, pero sin perjudicar a los que intenta salvar. Y más cuando esos son tus alumnos. 

Fue el momento de grabar clases online, de contestar correos a alumnos y padres día y noche, de rellenar informes que no servían para nada —bueno, sí: para hacerte perder el tiempo y que no pudieras centrarte en lo realmente importante—. Fue el único momento de mi vida donde llevé agenda porque necesitaba organizar el trabajo por horas para dar abasto. En gran medida, se sabía lo que iba a pasar: había alumnos que no tenían ordenador o que directamente no se conectaban por no se sabía qué causa, por lo que se suponía que iba a haber un aprobado general, como de hecho ocurrió. Yo también podría haber desaparecido y haber dado el mínimo exigible, pero no: mis alumnos tenían que ser los mejores, tenían que ir bien preparados, pasase lo que pasase. Que los sinvergüenzas de los políticos y sus amos intentaran perjudicarlos, no implicaba que yo pudiera aprovecharme del juego, y no lo hice. Y por lo menos, en lo que de mí dependía, no consiguieron que una vez más triunfara el show de Truman. 

Sin embargo, en aquel entonces todavía no era consciente de la magnitud del espectáculo. Tan solo tras años de investigación me he dado cuenta del entramado teórico-financiero, ideológico, político, jurídico, esotérico, religioso, sexual..., que hay detrás de todo esto, y de cómo los intereses de unos pocos condicionan la vida de todos. Una vez que conoces su lenguaje, sus formas, y cómo usan los símbolos para comunicarse entre ellos, ya no puedes ver otra cosa. Una vez que abres los ojos, ya no puedes volver a cerrarlos. Ves la manipulación en los medios de comunicación, en las redes sociales, en algunos personajes que parecen críticos, pero que llevan muy bien puesto el mandil, como Reverte; la ves también cuando te das cuenta de que alguno con coleta, disfrazado de amigo de los pobres, ha accedido a diputado a fuerza de pasearse por la Cuesta de las perdices de Madrid; la ves en cada una de las decisiones políticas que no van sino encaminadas a perjudicarnos; la ves en un sistema judicial amañado; y la ves, por último, sin que ello agote sus formas, en un sistema educativo corrupto que no está pensado, precisamente, para crear ciudadanos libres, sino vasallos de lo políticamente correcto.

Dicho esto, yo no quería escribir sobre nada en particular, pero tal vez, después de llevar cinco años sin escribir, esto le dé una continuidad al blog, que sigue teniendo por nombre Los caminos inciertos. Quizá la incertidumbre de los caminos que recorremos tenga que ver con lo que al principio decíamos. ¿Es la vida un camino cierto o incierto? El camino es incierto cuando dejamos de consentir que  nuestra vida la dirija otro, cuando nos atrevemos a escribir nuestra propia historia, le pese a quien le pese. Según Píndaro, sólo hay un imperativo en la vida del hombre: "Llega a ser el que eres". Desarrollar la plenitud personal implica abandonar el show, pero también exige volver al show para ayudar a otros. Es lo que en el platonismo se llama dialéctica descendente: el que ha visto la realidad tal como es, tiene la obligación moral de volver a la caverna para intentar rescatar a sus antiguos compañeros de cautiverio. Es algo peligroso. A Sócrates, por eso, le dieron la cicuta. Sin embargo, sus amigos, a los que había salvado de tanta indigencia y de tanta oscuridad, le acompañaron hasta la muerte. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Quizá nada: la filosofía sigue salvando, y algunos no entregaremos las armas porque lo diga otro. Nuestra respuesta es y será, aun cuando sepamos que estamos perdidos: ¡Μολὼν λαβέ! 

"Honor a todos esos que en su vida  Termópilas marcaron y las guardan." *

Le seguimos debiendo un gallo a Asclepio.


* Del poema Termópilas de K. Kavafis

sábado, 13 de junio de 2015

Internet y la educación

Voy a recoger en esta entrada una serie de apuntes que tomé en una charla que dio un profesor, del cual no recuerdo el nombre, en un curso sobre Internet y la educación, y a los que he añadido algunas notas propias. Guardé celosamente esos apuntes porque estuve de acuerdo con casi todo lo que dijo este profesor y, además, me pareció que aportaba bastante luz con sus palabras a un asunto en el cual no se ha profundizado lo suficiente, a pesar de que quizá debiera ser el tema más importante a tratar a la hora de enfocar la educación en nuestros días, si queremos que ésta sea de calidad. Os dejo un resumen de las notas que tomé:

Hoy en día, Internet es el medio de información más importante que existe. En la red se acumula más información que en cualquier otro medio que haya podido haber a lo largo de la Historia. Internet es un medio educativo, es un medio de ocio, de interacción, de corrupción, de depravación...

Con el surgimiento de los medios de comunicación y de transporte hasta ahora conocidos, el mundo se unificó bastante, pero Internet ha anulado la idea de frontera. Nuestros países, nuestros límites, y hasta incluso nuestras vidas se han hecho porosos. 

Con Internet surge la cibercultura, lo que nos debe hacer preguntarnos hasta qué punto, esta cibercultura, facilita y/o dificulta nuestra propia vida; y, en último término, cómo favorece al hombre que queremos ser cada uno de nosotros, y al hombre en sentido transcendental, tanto ahora como de cara al futuro. También debemos preguntarnos si Internet tiene una capacidad antropogénica, esto es, debemos preguntarnos si Internet puede crear un hombre nuevo. En la actualidad, la pregunta filosófica acerca del hombre ya no es la kantiana, a saber, "¿Qué es el hombre?", sino que esta pregunta se convierte en "¿Qué queremos hacer del hombre?". Esta última pregunta se hace especialmente relevante cuando la extrapolamos a la educación. En nuestra sociedad, Internet comienza a ser -creo que para mal porque no se sabe utilizar- el principal maestro. De hecho, con toda la razón de un tonto, el mismísimo Homer Simpson dice en uno de sus discursillos que "con esto de Internet los niños se crían solos". En realidad, esto no es algo malo en sí mismo, sino que es negativo solamente en la medida en que los educandos no sean capaces de adoptar un punto de vista crítico ante el medio.

El personal docente, tanto de colegios, como de institutos y universidades, debería preparar al alumno para utilizar Internet. Es apasionante buscar información en este medio, entre otras cosas porque uno se convierte en protagonista de su propia educación. Los docentes, sobre todo en colegios e institutos, deberían saber y enseñar que los ordenadores no están en los centros para que los niños jueguen y se entretengan. Si ésta es la práctica habitual en las aulas, es normal que la cibercultura esté generando una sociedad totalmente rizomática, superficial y ligada al entretenimiento. Sin embargo, Internet puede ser un medio muy positivo. Las sociedades ilustradas han hecho siempre de la información un medio para la libertad del hombre. Como ya decíamos antes, Internet es el gran gigante de la información, sin embargo, no es un medio de la sociedad de masas al estilo de los periódicos o la televisión, ya que Internet permite la interacción entre varios actores. Todo el mundo está en condiciones de acceder a la información que hay colgada en la red y de plantear lo que crea oportuno, e incluso de contestar o refutar a cualquier otro.

Por otro lado, los medios de comunicación a los que estamos acostumbrados tienen que pasar por creadores de información que, además, normalmente, manipulan esa información. Sin embargo, gracias a Internet la información se acelera y nos llega libre y sin pasar por la cocina. Esto tiene el inconveniente de que, si no somos capaces de contrastar la información adecuadamente, estamos expuestos a bulos y a manipulaciones, más peligrosas, si cabe, que las de los medios de comunicación comunes. Alguien puede generar cierta información en la pantalla de su ordenador o de su móvil y hacer incluso que un gobierno fuerte caiga en tres días. Recordemos lo que pasó el 13 de Marzo de 2004 en plena jornada de reflexión. Internet hace que el conocimiento viaje libre, sin que sea filtrado por los creadores de opinión pública, e incluso sin atender a las restricciones que marcan las leyes. Esto puede tener el inconveniente, como digo, de que se puede recibir información falsa en situaciones de emergencia, y, como consecuencia, se puede provocar que algunas personas reaccionen impetuosa e irreflexivamente. Sin embargo, tiene la ventaja de que ya no estamos sujetos a los sesgos que nos presentan los directores de televisión o de periódicos, ya que tenemos acceso a una gran cantidad de opiniones y a una multitud de fuentes de información. No obstante, hay que insistir en una cosa: no se puede confundir la fluidez de la información con la reflexión acerca de la misma. Por eso, siempre seguirá siendo importante la educación clásica, la disciplina a la que nos obliga el libro en las aulas, la consecución de un pensamiento crítico mediante el estudio de la Filosofía, la Historia, la Lengua y las Matemáticas. En definitiva: la búsqueda del pensamiento reflexivo, la coherencia, el sentido, el significado y el orden. Si la gente, ante la multiplicidad de opiniones que se vierten en Internet, aprende a adoptar una actitud crítica y reflexiva, entonces Internet será un medio excelente para la educación.

Para conseguir esto, lo primero que hay que hacer, aparte de reflexionar sobre la información que recibimos de la red, es atender a la multiplicidad de opiniones, para así poder contrastar y buscar la coherencia. En Internet hay mucha pluralidad informativa, siempre que no nos quedemos en los 10 primeros resultados que nos aparecen tras hacer una búsqueda en Google. En definitiva, se trata de buscar información con validez acreditada y contrastarla. Ésta debería ser una de las principales misiones de los docentes en las aulas, si lo que se quiere es aumentar la calidad educativa y tener alumnos críticos, reflexivos, y no facilmente manipulables.

Como ejemplo de utilización de Internet como vehículo y apoyo para la educación aludiré a un proyecto que conocí de primera mano cuando se llevó a cabo allá por el año 2009 (y digo "se llevó" porque su autor hoy ejerce una actividad distinta a la enseñanza y este trabajo dejó de implementarse en 2012) que fue el Proyecto COMPAHSu autor es Juan José Ríos, profesor de matemáticas, y, además, mi tío. También tenía un sitio web llamado La Pizarra de Juan J. Ríos. Y actualmente actualiza regularmente dos blogs de innovación La i de innovación y Euroresidentes.