"Y pues V.M. escribe se le escriba y relate el caso por muy extenso, parescióme no tomalle por el medio, sino por el principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto."

El Lazarillo de Tormes

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domingo, 5 de abril de 2020

Vivir no es ver volver

"Las nubes dice el poeta nos ofrecen el espectáculo de la vida. La existencia, ¿qué es sino un juego de nubes? Diríase que las nubes son "ideas que el viento ha condensado"; ellas se nos representan como un "traslado del insondable porvenir". "Vivir escribe el poeta es ver pasar". Sí, vivir es ver pasar: ver pasar, allá en lo alto, las nubes. Mejor diríamos: vivir es ver volver."
Azorín, Castilla.


El "vivir es ver volver" azoriniano evoca siempre al Eterno Retorno de Nietzsche: esa perpetua vuelta hacia lo mismo, hacia lo idéntico a sí mismo; esa eternidad circular que siempre regresa al punto de partida y que hace que cada instante sea inextinguible. Azorín entendía esta idea circunscribiéndola a los ciclos y sentimientos vitales. "Mejor diríamos: vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver volver todo angustias, alegrías, esperanzas como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas, como esas nubes fugaces e inmutables".

Hay momentos en el año que, por lo que significan, son sagrados para dar sentido a esa circularidad vital. Son como esas nubes que, aunque siempre distintas, coinciden consigo mismas. La Semana Santa es uno de esos espacios donde la vida se expande y se concentra, formando pareidolias, metonimias y metáforas; es uno de esos puntos de referencia donde uno se detiene, siente y reflexiona. Da igual si eres creyente, ateo o todo lo contrario. Todo lo que hay en ella (la simbología, la música, los olores e incluso los sabores típicos) hace que sea un tiempo propicio para que retorne el sentido, para no perder el rumbo, para saber dónde estamos y ordenar los sentimientos. La Semana Santa es brújula y guía de perdidos; es la rosa de los vientos que orienta la nave de la vida, es el islote donde puede descansar el náufrago para después reorientar el rumbo. 

Hoy es Domingo de Ramos y no ha habido retorno. Este confinamiento ha hecho que este año sea por fin distinto. Las sensaciones han sido otras. El pensamiento no acaba de encontrar asiento en esto que es y que no es. Ha habido gente que ha puesto música en los balcones, marchas procesionales, y han conseguido mostrar más intensamente la falta de lo que debería haber sido. Quieren mostrar la presencia, pero sólo consiguen manifestar la ausencia. No estoy juzgando esto: todos nos rebelamos contra la ausencia de lo que amamos. Es ante la presencia de la ausencia donde el amor se fortalece. La ausencia desespera, puede llevar a la locura, pero no destruye el amor, sino que lo hace más fuerte, más intenso, al menos al principio. Siempre me gusta buscar lo universal del sentimiento; aquello que a todos nos atañe. ¿Quién, alguna vez, no amó más durante la ausencia del ser amado? ¿No le estará pasando eso a mucha gente ahora? ¿Te estará pasando a ti, quizá?

"Pero véate yo y muera;
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da,
el no verte, qué me diera."1

El No-Retorno de lo idéntico ha traído otras cosas conocidas, como la sensación de fracaso y de pérdida, de desamor y de angustia. ¿Acaso sí hay algo que retorna en estos días? El mundo se ha hecho más estrecho. ¿Quién nos devolverá los momentos perdidos? Hoy es Domingo de Ramos y, como tantos otros años, hace un día espléndido. Sin embargo, no se ve lo que hay más allá de la ventana. Atrapados en el torreón de Segismundo, como si estuviéramos presos en una pesadilla, por primera vez en la vida se abre nuestro círculo. Es paradójico que un confinamiento pueda sacarte de tu mundo. Produce asombro ver cómo, encerrados en nuestros espacios más íntimos, hemos perdido todas nuestras seguridades en apenas unos días. Esta novedad construida en el vacío deshumaniza. El tiempo circular es más humano que el lineal. Aún hay que aprender mucho de los griegos. Por primera vez, vivir no es ver volver. O, lo que es peor: vivir es ver volver el desengaño.

                                         

1. Segismundo dirigiéndose a Rosaura en La vida es sueño de Calderón de la barca.



Ojalá pronto seas tú la que vuelva con la vida.




domingo, 29 de marzo de 2020

Dímelo tú



Dímelo    que  lo  ves  todo  y  observas  atenta  por  los  siglos;
dímelo  tú,  que  sabes  de  la  espera.
Dime  si  ella  te  ha  mirado  diciendo  mi  nombre,
o si  ha  querido  ver  mis  ojos  tras  de  ti  en  la  noche  oscura.

Dime  si  ha  mirado  a  alguna  estrella  suspirando,
esperando  que  esa  noche  yo  la  amara.
Dime  si  lloró  porque  me  anhela,
o  lanzó  un  beso  al  firmamento  para  mí.
Dime,  si  maldijo  mi  nombre  por  la  espera,
o  si,  tal  vez,  nunca  me  amó  y  soñó  con  otro.

Dime  tú,  oh  Luna,  todo  lo  que  sepas;
  que  eres  testigo  de  la  noche
y  sabes  más  que  nadie  de  amores  escondidos.

Dime  si  ella  también  maldice  al  tiempo,
al  tiempo  eterno  en  que  anhela  mi  presencia.
Dímelo  tú,  que  ya  lo  has  visto  todo,
eterna  compañera de amantes olvidados.


Juan José Gómez Tornero 


miércoles, 11 de marzo de 2020

La importancia de tu alegría


Amor, cuando te miro y estás triste 
me dejaría la vida, el alma, por conseguir 
una sonrisa que te llenara el rostro.

Si tú sonríes, se ilumina el mundo,
o al menos ese lugar que habito
taciturno si no brillan tus ojos.

Si falta tu alegría, se va el sentido,
y ya sólo pretendo robarte una sonrisa,
y me emociono si lo consigo
y fracaso como hombre si sigues abatida.

¡Qué hermosa eres, amor!
Te miro y te encuentro bella,
fecunda de misterios,
de ideas que cruzan tu pensamiento como galaxias...

Todo me gusta de ti:
tus ojos hechos de estrella,
tu pelo de mar..., de olas...,
tus labios de sangre y vida, 
tus manos de calma y sueño...,
los lunares que adornan tu rostro, amor.

¡Qué bella eres! 
¡Qué mundo inmenso es tu cuerpo!
¡Qué maravilla insondable!

¡Muéstrame la alegría de tu amor!
¡Que yo sepa que me amas y no dude más!

¡No dudes más, amor!
Ámame para siempre
y te amaré por siempre.


Sólo a ti te quiero.

                                          Juan José Gómez Tornero

sábado, 16 de noviembre de 2019

Mírame

Cómo me gusta tu felicidad si la compartes conmigo.
Pero si me ignoras, ¿qué sentido tiene esto? 
Aunque estés cerca, te echo de menos, 
y si no me miras..., 
me abandonas..., 
me abandono... 

Me vas a matar de amor. 
¿Por qué eres tan cruel? 

¡Mírame, amor, mírame! 
Mírame y dame la vida; 
mírame o se desvanecerá el sentido para siempre.

Sólo en tu mirada soy eterno. 
Sólo a ti te quiero.


miércoles, 23 de octubre de 2019

Tal vez si tú estuvieras

Amor...
Tal vez si tú estuvieras,
no habría soledad ni habría desierto,
habría sonrisas y caricias,
besos...

Sólo tu ausencia explica
que este papel en el que escribo
se esté llenando de palabras
muertas...

Tal vez si tú estuvieras...,
la cama ahora estaría deshecha
y esta poesía no tendría sentido,
amor...

Sólo tu ausencia explica
el misterio de esta noche de fuegos apagados,
el recuerdo en el que estás,
pero no estás...

Tal vez si tú estuvieras...,
se desvelara el sentido,
y yo también estuviera, y fuera,
dentro de ti...

Amor...
Tal vez si tú estuvieras...

        Juan José Gómez Tornero



jueves, 10 de octubre de 2019

Sólo en tu cuerpo



Dos luceros me miran con tus ojos,
el mundo se me hace luz en ellos.
Me conozco a través de tu mirada,
y me desvelo, y tiemblo…

Si de tus labios un suspiro escapa,
y de tu sonrisa yo soy el motivo,
¿cómo pudiera mi corazón no amarte,
mi ser entero no inflamarse como llama?

Soy en tu cuerpo deseo y alegría,
de tu regazo amor y fuego dentro.

Soy en tu cuerpo, mi amor...
sólo en tu cuerpo.



Juan José Gómez Tornero  


    

jueves, 18 de julio de 2019

El silencio


Últimamente no escribo nada. Es como si la palabra no fuera a llevarme a ninguna verdad, como si todas las verdades estuvieran hechas de silencio: de contemplación y de silencio. Sólo a veces alcanza la poesía a tocar con la punta de los dedos alguno de los misterios, y a retirar fugazmente el velo del arcano.

viernes, 29 de junio de 2018

Buscando paraísos en la nada



Ya todo parece ruina...
¿El mundo?
Todo lo he destruido.
Nada queda.

Sólo el amor resiste
a malas penas
la embestida,
y se desangra a borbotones.

Muerto el amor,
¿quién sobrevivirá al verano?
Ése que será tan frío sin ti,
tan frío y desalmado como tú.

Solo y frío como un muerto estaré yo;
finado del amor y de la vida;
buscando paraísos en la nada...

Sin ti... Sin nadie...
Donde sólo tu ausencia sea.
Donde ni la sombra habite.

Juan José Gómez Tornero                     

viernes, 23 de septiembre de 2016

Es tan corto el amor...


Amores misteriosos, de ojos negros, de sudor, de agua de mar. 
Amores de cuerpos calientes y arena; de besos con sabor a sal. 
Amores que van, que vienen, que vuelan; se esfuman. 
Cortos amores de verano; y olvidos: largos olvidos.

martes, 16 de agosto de 2016

Presagios de otoño


Se oye el rumor de las gotas caer:
lluvia tranquila de agosto. 
Miro por la ventana
y veo la calle vacía.
El agua trae calma y todo lo empapa.

Mi corazón también se inunda:
la lluvia le trae un rumor de nostalgia,
y de la soledad, la certeza.

Un presagio de otoño me acecha:
sin ti habré de estar cuando caigan las hojas,
cuando las noches largas devoren el alma y el mundo aparezca
como una vieja iglesia en la que el viento y el rayo amenazan las ruinas.

Todo lo explicará tu ausencia:
como si fuera algo.

                                                                                             Juan José Gómez Tornero


miércoles, 11 de mayo de 2016

Nihilismo para un amante desesperado


Gira la rueda del retorno,
y no para, (y no puede parar),
y sube, y baja, y baja,
y no hay nada de nuevo en ese anillo.

El Sino ineluctable acecha en el camino.
La libertad es fantasmagoría;
la vida... un mirar en el abismo;
el amor... el salto que aniquila.

El Ser nunca fue más que la Nada.
El Todo resultó ser el No Ser.

                                                                                  Juan José Gómez Tornero


lunes, 9 de mayo de 2016

A ti...



A ti, rígida y vieja
que aguantas el vaivén de los vientos,
que impertérrita desafías al huracán;
cuánto daría por parecerme a ti,
por ser enhiesto y firme como tú.

Cómo quisiera, a través de los siglos,
a través de mil eras, enfrentarme a ella,
sin caer de rodillas suplicante,
sin desear más un beso de su boca.

Cuánto gustara yo de ser como tú, montaña,
que no conoces,
que no sientes dolor,
que eres muda, inerte, fría... y eterna.


                                                                                                                    Juan José Gómez Tornero

sábado, 13 de febrero de 2016

El ARTE... ERES TÚ


¿Qué es el Arte?, dices mientras clavas

en la bella obra tu pupila azul.

El sujeto que contempla, te respondo.

El Arte... eres tú.

domingo, 17 de mayo de 2015

La Filosofía como las palmeras


Ayer por la tarde estaba trabajando cuando de repente reparé en una palmera. Al concentrarme en la visión de la palmera me di cuenta de que es una planta maravillosa. Normalmente en España aparece sola y no suele aglomerarse en grandes grupos (salvo en los palmerales de Elche y en los cultivos de Canarias) y para mí es un ejemplo de belleza, esperanza, fortaleza y vida. Las palmeras, además, simbolizan fecundidad, victoria, exuberancia..., el paraíso... Nunca antes había reparado en ellas, pero ayer me di cuenta de que me gustan mucho las palmeras. Si alguna vez tengo una casa con jardín, en él habrá al menos una palmera. Una palmera como vigía y centinela, como “voz que clama en el desierto”. Es precisamente así como yo veo la Filosofía. Y, en cierta medida, también a los filósofos: siempre solos, a fuerza de recorrer el camino que los lleva hacia sí mismos, pero fecundos y dando consistencia a la realidad, y esperanza a la humanidad.
Hoy me gustaría recomendar un pequeño libro que creo que puede venir a colación de la soledad de los filósofos. El libro en cuestión es La consolación de la Filosofía de Boecio. Boecio fue un filósofo que, acusado injustamente de traición, murió ejecutado en el año 525 d.C. Sin duda, fue el hombre más culto de su época, y tras su muerte y el cierre de la Academia de Platón en el año 529, vinieron unos siglos en los que la Filosofía guardó silencio. Comienza, así, la Edad Media que, por supuesto, también dará sus frutos, filosóficamente hablando. Boecio escribió La consolación de la filosofía mientras estuvo en prisión esperando su muerte. Solo. O bueno: con la Filosofía como única compañera.
Como anticipo del libro que recomiendo os dejo un texto que aparece en él:


"Quien con ánimo sereno
sabe poner el destino implacable bajo sus pies
y mira impasible la mudable fortuna
permanecerá inmóvil ante la furia amenazadora del Océano
que hace surgir desde su más profundo abismo
sus agitadas olas.
Ni el bramar del Vesubio caprichoso cambiará su ánimo,
cuando rotos sus hornos encendidos,
lanza las llamas envueltas en humo.
Inmutable, sigue ante el estruendo del rayo ardiente
que hiere las torres.
¿Por qué los pobres miran impotentes y con rabia a los tiranos crueles?
Nada esperes, nada temas,
y dejarás desarmado e impotente a tu enemigo.
Pero quien tiembla o vacila, porque no está seguro
ni es dueño de sí mismo, ha arrojado el escudo,
ha perdido su trinchera y ha atado a su cuello
una cadena que siempre arrastrará.

domingo, 3 de mayo de 2015

La diosa y el monismo de Parménides


Parménides nació en Elea que está al sur de Italia. Actualmente recibe el nombre de Velia. Este filósofo nació como muy pronto en el 540 a.C., y murió en el 450 a.C. Hay algunos que dicen que nació en el año 510 a.C.

De su obra nos ha llegado el conocido Poema, aunque el nombre que él quiso darle fue "Peri physeos" (Sobre la naturaleza). Este poema es un estudio acerca de lo existente, pero de él no queda absolutamente nada. El original se ha perdido entero. Sólo se conservan fragmentos y citas de otra gente, entre ellos del filósofo Simplicio, que vivió en el s.VI de nuestra era. A nosotros, mediante estas citas, nos ha llegado el Proemio entero, una primera parte casi entera, y una segunda parte muy fragmentada e incompleta.

PROEMIO: LAS TRES VÍAS PARA CONOCER.

Parménides cree que los dioses (en este caso la diosa) revelan a los hombres la verdad. Todavía no hay en él una escisión completa entre mito y logos. Dice así:

Frag. 1

“Y la diosa me acogió benévola; tomó en su mano

mi mano diestra y así me dirigió la palabra y me decía:

Joven acompañante de aurigas inmortales

llegado con las yeguas que te traen a nuestra casa, salud;

que no fue un hado malo quien te impulsó a tomar este camino

(pues de cierto que está fuera de lo hollado por los hombres)

sino ley y justicia. Preciso es que conozcas todo:

tanto el corazón imperturbable de la verdad bien redonda

como las opiniones de los mortales en que no cabe creencia verdadera.

Aun así, también aprenderás cómo es preciso

que las opiniones sean en apariencia, entrando todas a través de todo.”


LA VÍA DE LA VERDAD BIEN REDONDA.

Frag.2

"Ea pues, que yo voy a contarte (y presta tú atención al relato que me oigas)

los únicos caminos de búsqueda que cabe concebir:

el uno, el que es y no es posible que no sea,

es ruta de persuasión, pues acompaña a la verdad;

el otro el de que no es y el de que es preciso que no sea,

éste te aseguro que es sendero totalmente inescrutable.

Y es que no podrías conocer lo que no es -no es alcanzable-

ni tomarlo en consideración.

Pues lo que cabe concebir y lo que cabe que sea son una misma cosa."

Para Parménides hay que imaginar el ser como una bola bien redonda, fuera de la cual no hay nada. Hay también que afirmar el ser y que negar el no ser. Como podemos ver en el texto, pensar y ser son una misma cosa ("pues lo que cabe concebir y lo que cabe que sea son una misma cosa"). Para Parménides, pensar, decir y ser es prácticamente lo mismo. Se piensa lo que es y se dice lo que se piensa. La realidad se nos muestra por el pensamiento, y no podemos someternos a las opiniones de los mortales. Al ser se llega por el intelecto.

Pero, ¿qué es el ser de Parménides? Hemos de tener en cuenta que el "Peri physeos" es un tratado sobre la naturaleza. No está en el pensamiento de Parménides hacer un tratado metafísico u ontológico, y mucho menos lógico (aunque este texto sea uno de los que, sin duda, dan origen a la metafísica, a la ontología e, incluso, a la lógica, a través del principio de identidad que ya está contenido en él), sino sobre lo natural. Para Parménides, el ser es todo lo que existe en la naturaleza, fuera de la cual no hay nada. Sus características son las siguientes:

1. Ingenerado==> No puede nacer, ha de ser eterno.

2. Incorruptible=>No puede ir al no ser.

3. Eterno =====> No tiene pasado ni futuro.

4. Indivisible ===>No tiene partes. Si no, A no sería B.

5. Limitado====> El ser está en sus límites, en lo dado, en lo que es.

6. Es Uno

La filosofía siempre ha buscado el principio; pero para Parménides no hay principio. "El ser es y el no ser no es". El ser no puede no ser, y el no ser no puede llegar a ser. En consecuencia, el ser tiene todas las características que hemos enumerado anteriormente. El ser es ingenerado, puesto que el no ser no puede llegar a ser. El ser es incorruptible, en tanto que lo que es, es, y, en consecuencia, el ser no puede convertirse en no ser. Es eterno, ya que no puede no ser, y nada que no sea puede llegar al ser, lo que nos hace tener un ser sin principio ni fin. El ser es también indivisible, ya que si no fuera así, cualquiera de sus partes no sería la otra, por lo que estaríamos afirmando el no ser. Es, asimismo, limitado, pues lo que es, está dado, y lo dado es limitado. Y, por último, es Uno, pues si hubiera varios, entre ellos se daría el no ser.

A la luz de lo anterior, podemos decir que, para Parménides, tiene que haber una coherencia entre pensar y ser. Hasta donde llega el intelecto llega el ser. Quien nos dice lo que es el ser es el pensamiento. No se puede entender el ser sin el pensar, pues hay una correspondencia entre pensar y ser. Esta identificación del ser con el pensar es precisamente lo que se ha conocido como monismo de Parménides, y es la gran aportación que hizo este filósofo a la Historia de la Filosofía, ya que hay algo de insuperable en ello, y es que, quien pretenda siquiera acercarse a la verdad, a lo que es, tendrá que hacerlo inexorablemente a través del pensamiento.

LA VÍA DE ERROR (OPINIONES NO VERDADERAS)

Para Parménides, hay una multiplicidad de opiniones frente a la unicidad del ser. Hay mortales que están mezclando continuamente el ser y el no ser. Mortales que opinan, por ejemplo, que el ser es múltiple o que es mutable. Parménides nos prohíbe decir todo esto. Según él, se debe decir y pensar lo que es. Hay que apartar el pensamiento del no ser, pues los que por ahí caminan, caminan bicéfalos.

Frag. 6.

"Es necesario que sea lo que cabe que se diga y se conciba. Pues hay ser,

pero nada, no la hay. Te exhorto a que medites sobre ello,

pues te aparté lo primero de esta vía de indagación.

Mas también de esta otra, por la que de cierto mortales que nada saben

caminan errantes, como bicéfalos, pues la incapacidad que anida

en sus pechos torna derecho un pensamiento descarriado."

Frag. 7.

"Y es que nunca se violará tal cosa, de forma que algo, sin ser, sea.

Así que tú aparta de esta vía de indagación tu pensamiento,

y que la rutina de la mucha práctica no te fuerce tampoco a encaminar

por esta vía ojo desatento, oído resonante

y lengua: en vez de eso has de juzgar con tu razón la prueba muy argumentada

que te he propuesto.


LA JUSTIFICACIÓN DE LOS FENÓMENOS

Según Parménides, sólo hay que afirmar la vía del ser. Parménides, al final de su poema, hace una transición hacia otra cosa. Intenta mostrar la incoherencia de la opinión de los mortales, a la vez que intenta dar una especie de explicación a los fenómenos. Aunque, desgraciadamente, esta parte es la que menos clara está por incompleta.

Frag. 8.50

"En este punto ceso el discurso y pensamiento fidedignos

y el planteamiento acerca de la verdad. Aprende desde ahora

mortales opiniones, oyendo el orden engañoso de mis frases."

Frag. 8.60

"Narro el orden cósmico como un todo coherente y verosímil,

de tal manera que nunca algún parecer de los mortales supere esto y te aventaje."

Parménides intenta ver qué hace con las apariencias. Él se da cuenta de que los fenómenos aparencialmente no coinciden con su descripción del ser. Aun así, Parménides cree que hay que afirmar el ser por la vía de la razón, aunque los sentidos nos revelen otra cosa. La diosa le dice al filósofo de Elea que existe un orden cósmico que se puede narrar de tal manera que supere la opinión de cualquier mortal, o, lo que es lo mismo, un orden cósmico que se ajusta a la razón, un ser que se corresponde con el correcto pensamiento. Para Parménides, los sentidos de los hombres se encaminan hacia la realidad por vías falsas, mientras que la razón es capaz de revelarnos en qué consiste el ser. Sin embargo, las apariencias existen, y existen de tal manera que niegan el orden racional del Ser y su unidad.

Frag. 17

"A la derecha, los muchachos; a la izquierda, las muchachas."

La cuestión es que, aunque la razón rechaza la multiplicidad, los sentidos nos dicen que hay cambio, variedad e incluso contradicción. Parménides no fue capaz de dar una solución a esta aporía. Serán Platón y Aristóteles los que darán solución a este problema.
Los textos citados los he sacado de un pequeño libro titulado De Tales a Demócrito, editado por Alianza Editorial. En él encontraréis una recopilación de los fragmentos que se conservan de los filósofos presocráticos más importantes. Además, aquí debajo os dejo un vídeo de un profesor universitario que hace un acercamiento a Parménides.


domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de Ramos


Hoy es Domingo de Ramos. La Semana Santa ha comenzado en Cieza con el tradicional desfile de La Burrica. Palmas, túnicas, música y olor a flores han inundado esta mañana la ciudad. Todas estas cosas hacen que el pasado vuelva intensamente a la memoria. Soy de los que piensan que en Semana Santa cualquier cosa puede evocar sensaciones, recuerdos, anhelos, sentimientos... Los tronos por la calle, la música, el aroma, y la gente ilusionada pueden hacernos recordar el amor y la alegría, o la esperanza de alcanzarlos, o su pérdida. Pueden hacernos añorar a los que un día fueron parte de estos desfiles procesionales y que hoy ya no están entre nosotros. Y pueden hacernos mirar hacia el futuro sabiendo que el día que nosotros, no sabemos cuándo, ya no estemos aquí para arrimar el hombro, otros vendrán a sustituirnos con la misma ilusión y alegría con la que hoy nosotros hacemos el relevo a los que nos precedieron. La Semana Santa nos demuestra que Azorín tenía razón cuando, en alusión al “eterno retorno” nietzscheano, decía que "Vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver volver todo –angustias, alegrías, esperanzas– como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas, como esas nubes fugaces e inmutables.”

Y hablando del retorno inmutable de lo fugaz, centremos nuestra mirada en esos chicos y chicas de 14 ó 15 años que se acercan a contemplar los desfiles mientras estrenan amores, ya que pueden hacernos comprender, en ese primer amor de su inocencia, por qué siempre que llega la Semana Santa, uno se emociona, mira hacia el pasado, y recuerda. También ellos, quieran o no, ya siempre recordaran la Semana Santa y la llevarán grabada en su corazón. Y un día, con el paso del tiempo, descubrirán el porqué. Ya entrados en años, evocarán esos amores de primavera que ahora disfrutan por primera vez, cuando el aire huela a flores y suene La Tuna Pasa, La Cortesía o Los Dormis al pasar de La Burrica, en este pueblo que bien llamado fue “Perla del Segura”. Recordarán también, durante los días siguientes al Domingo de Ramos, cuándo y cómo perdieron esos amores, y lo harán cuando en la Procesión del Silencio escuchen Air de Bach o el Adagio en Sol menor de Albinoni; o cuando las bandas toquen Adoración, Mater mea o Semana Santa Ciezana al paso del Santo Cristo del Consuelo, del Ecce Homo o del Stmo. Cristo del Perdón. Y es que, debido al camino recorrido por cada uno de nosotros  –que puede ser religioso, cultural, amoroso, musical o de cualquier otra índole– la Semana Santa mueve nuestros afectos, y, al fin y al cabo, esto es lo que cuenta.


Miren, si no han tenido bastante con los jóvenes, a uno de esos viejos que contemplan, con la mirada nublada por los años, un Cristo en andas. Y si son buenos escrutando sentimientos y miradas, podrán ver en la suya, si amó mucho o sufrió mucho, si tuvo alguna pérdida irreparable en su vida, o si da gracias a Dios por algo que sólo él sabe y que ahora recuerda. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es el viejo o su recuerdo –que también– sino lo universal de su sentimiento que a todos y a cada uno nos alcanza. La conclusión de que no somos tan distintos ni en el amar ni en el sufrir, y, quizá, tampoco en el vivir, de aquel Galileo que, según dicen, dio su vida por amor.
 
"Recuerde el alma dormida
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor."