"Y pues V.M. escribe se le escriba y relate el caso por muy extenso, parescióme no tomalle por el medio, sino por el principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto."

El Lazarillo de Tormes

viernes, 6 de enero de 2017

¡Feliz 2017!


- ¡Feliz Año Nuevo, Antonio!
- ¡Igualmente, Pepe!
- A lo mejor es el último.
  (Risas)
- ¡Por lo menos aún estamos vivos, y nos podemos comer algo!
  (De nuevo risas)

             -De esta manera se felicitaban el año nuevo el otro día dos viejos amigos, sin saber que yo los escuchaba. Y cuando digo dos viejos amigos me refiero a que los dos tenían al menos ochenta y cinco años. No sé: me hizo gracia el comentario y quería reflejarlo en el blog, para no olvidarlo. Esperemos que estos entrañables abueletes se feliciten el año nuevo muchas veces más, aunque ya sepan que la vida es demasiado corta.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad


Era una playa amplia y poco visitada. Kilómetros de arena y soledad. Al subir la marea las olas llegaban cargadas de espuma y arrastraban docenas de estrellas de mar. El sol en la mañana y la luna en la noche hacían brillar a las pobres estrellas varadas en la arena. Un hombre caminaba todos los días por la playa y contemplaba con tristeza la escena. Ese día vio también un niño que iba recogiendo estrellas y las devolvía al océano:

- ¿Por qué haces eso? -le preguntó.
- Ha bajado la marea, el sol brilla con fuerza, y, si estas estrellas se quedan aquí, se secarán y morirán.
- Hay miles de kilómetros de playa repartidos por todo el mundo. Hay cientos de miles de estrellas por todas esas playas. Y tú, aquí, te dedicas a devolver al océano unas pocas. No creo que esto influya mucho. ¿Qué importancia puede tener?

El niño miró al hombre, recogió otra estrella y la arrojó al mar y le dijo:

-Para esta sí tiene importancia.

Al día siguiente, el hombre y el niño, juntos, se pusieron a devolver estrellas al océano. El sol seguía calentando en el cielo azul, el mar rompía en la playa llenando con su sonido la soledad y algunas estrellas volvieron a encontrarse con la vida.

*

No sé quién escribió este cuento, ni cuándo decidí copiarlo. Sólo sé que he encontrado el texto en un word que tenía en alguna carpeta perdida del ordenador, y me gusta para compartirlo con vosotros. Espero sea de vuestro agrado y os deseo una Feliz Navidad.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Es tan corto el amor...


Amores misteriosos, de ojos negros, de sudor, de agua de mar. 
Amores de cuerpos calientes y arena; de besos con sabor a sal. 
Amores que van, que vienen, que vuelan; se esfuman. 
Cortos amores de verano; y olvidos: largos olvidos.

martes, 16 de agosto de 2016

Presagios de otoño


Se oye el rumor de las gotas caer:
lluvia tranquila de agosto. 
Miro por la ventana
y veo la calle vacía.
El agua trae calma y todo lo empapa.

Mi corazón también se inunda:
la lluvia le trae un rumor de nostalgia,
y de la soledad, la certeza.

Un presagio de otoño me acecha:
sin ti habré de estar cuando caigan las hojas,
cuando las noches largas devoren el alma y el mundo aparezca
como una vieja iglesia en la que el viento y el rayo amenazan las ruinas.

Todo lo explicará tu ausencia:
como si fuera algo.

                                                                                             Juan José Gómez Tornero


jueves, 4 de agosto de 2016

Consecuencias de tu presencia o ausencia


Cuando tú estás a mi lado, todo lo demás no importa, porque tú estás a mi lado.

Cuando tú no estás a mi lado, todo lo demás no importa, porque tú no estás a mi lado.

Conclusión: sólo tú importas; nada más importa.



domingo, 24 de julio de 2016

Viaje



“Ruega a los dioses que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que arribes con alegría y con gozo
a puertos que antes ignorabas.”

He pasado unos días de viaje con un buen amigo. La misma expresión “estar de viaje” implica que un viaje no es algo que perdure indefinidamente en el tiempo. De lo contrario, el viajero correría el riesgo de convertirse en vagabundo o en náufrago. Normalmente, los viajes suelen ser de ida y vuelta: periplos que, por su propia condición, se acaban, pero que conllevan la paradoja de perdurar en el alma y de dejar en ella su impronta, sin que ello presuponga que esa marca que dejan sea alegre o triste, positiva o negativa. Los viajes siempre nos cambian. No somos los mismos después de haber viajado. Es por ello que siempre tienen algo de iniciático aquellos que hacemos para cerrar una etapa y empezar otra. Cada persona debería marcarse un ritual para clausurar antiguos procesos que acaban y abrir nuevos proyectos que empiezan. Igual que en las corridas de toros suena el clarín para el cambio de tercio, en nuestras vidas debería de haber una especie de rito de paso que nos ayudara a tomar conciencia de que algo viejo termina  y algo nuevo comienza. Estos pequeños viajes que hacemos son una buena opción para ello, ya que en el fondo son etapas del viaje de la vida, que es un viaje interior, y cuyo principio y fin somos nosotros mismos. Nosotros mismos intentando, a través del autoconocimiento, cumplir el imperativo pindárico: “Llega a ser el que eres”.

Uno aprende a conocerse mejor a sí mismo cuando viaja, aunque sólo sea por unos días. Y me refiero al aspecto mental y espiritual, pero también al físico. El simple hecho de cambiar de dieta hace que podamos observar, si prestamos la suficiente atención sobre nosotros mismos, cómo reacciona nuestro organismo ante la presencia o ausencia de ciertos alimentos.

Cuando uno viaja imagina lo distinta que podría haber sido su vida de haber nacido en una de esas ciudades por las que pasea. Te cruzas por la calle con innumerables personas que no conoces, y entonces, al mirar sus rostros, piensas que, tal vez, muchas de ellas podrían haber sido tus conocidas, tus amigas, tus confidentes… De la misma manera, cuando ves a esas mujeres preciosas, sabes que, de haber nacido allí, algunas de ellas hubieran sido tus amantes; y una de ellas tu amor, la idea fija y la locura.

Se cae en la cuenta de la gente que no habrías conocido de haber vivido en un sitio distinto. Para empezar, los compañeros de trabajo y el trabajo mismo habrían sido otros. Se piensa, también, en esos pocos amigos especiales que regala la vida, que son cuatro o cinco y ni uno más, y a los cuales no habrías tenido la suerte de conocer en el caso de ser de otro lugar. La vida sería más difícil sin ellos, aunque hubiera otros cuatro o cinco en ese otro lugar que también lo fueran y que hicieran más fácil el camino. Y es que, conforme avanza la vida, uno se va dando cuenta de lo difícil que es haber encontrado un amigo de verdad: uno de esos pistoleros dispuestos a luchar a tu lado, a desenfundar el revólver al cruzar cualquier esquina y a jugarse el pellejo por ti, pase lo que pase y contra quien sea.

Todos nosotros seríamos otros, si cualquier aspecto de nuestra vida no hubiera acaecido o lo hubiera hecho de otra manera. Pero hay algo que no varía: seguiríamos buscando el sentido de todo acaecer y acontecer, intentando ser aquello que somos.

Por si alguien se lo está preguntando, las ciudades que he visitado durante mi viaje han sido Santiago de Compostela y Lisboa, aunque eso, quizá, sea lo de menos.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Nihilismo para un amante desesperado


Gira la rueda del retorno,
y no para, (y no puede parar),
y sube, y baja, y baja,
y no hay nada de nuevo en ese anillo.

El Sino ineluctable acecha en el camino.
La libertad es fantasmagoría;
la vida... un mirar en el abismo;
el amor... el salto que aniquila.

El Ser nunca fue más que la Nada.
El Todo resultó ser el No Ser.

                                                                                  Juan José Gómez Tornero


lunes, 9 de mayo de 2016

A ti...



A ti, rígida y vieja
que aguantas el vaivén de los vientos,
que impertérrita desafías al huracán;
cuánto daría por parecerme a ti,
por ser enhiesto y firme como tú.

Cómo quisiera, a través de los siglos,
a través de mil eras, enfrentarme a ella,
sin caer de rodillas suplicante,
sin desear más un beso de su boca.

Cuánto gustara yo de ser como tú, montaña,
que no conoces,
que no sientes dolor,
que eres muda, inerte, fría... y eterna.


                                                                                                                    Juan José Gómez Tornero

domingo, 1 de mayo de 2016

Nihilismo vespertino de domingo

"Ser-ahí significa estar sosteniéndose dentro de la nada." M. Heidegger

Domingo, seis de la tarde: una inmensa nada por delante. Pero...¿acaso puede ser la nada inmensa? Inmenso más bien debería de ser el todo; y, sin embargo, el todo limita con la nada, que quizá sea más inmensa que él.

Decía que son las seis de la tarde, y que es domingo. Ya he tomado el último café de la semana y me dirijo hacia mi casa. ¿Qué haré ahora? ¿En qué me entretendré? ¿Con qué mataré este tiempo muerto? ¿Cómo llenaré esta nada? ¿Acaso se puede llenar la nada? Supongo que no. Para llenarla tendría que ser algo. Además, ¿no habíamos quedado en que la nada era más inmensa que todo cuanto hay? Pero, si esto es así, a la nada, nada podría llenarla; ni tan siquiera el todo. Y ¿qué es el todo, si la nada lo abarca y tal vez lo incluye? 

Si me oyera mi profesor de metafísica, aparte de suspenderme, me diría con esa voz que pareciera existir sólo para ser irónica, que "la nada no es nada. No puede incluir al todo. El Ser es, y el no-ser, no es. No hay nada fuera del Ser". A lo que Heidegger podría responder que la nada es lo que hace posible que se manifieste lo que es.

En fin, supongo que llegaré a mi casa y oiré algo de música o leeré alguna página de algún libro, seguramente de Nietzsche. Al fin y al cabo es el mejor autor para intentar superar este nihilismo vespertino de domingo. Pero, aún así, tengo la sensación de que por muchas cosas que haga para no verme definitivamente catapultado al vacío, siempre quedará ese hueco irredento en el alma que nada podrá llenar. Y es que ni se puede, ni se debe huir del vacío, pues es donde se nos desvela el sentido de nuestra existencia.

De momento me he detenido, y con la brisa suave de la tarde me ha llegado esa inconfundible sensación de angustia, de estrechura. He tenido la sensación de que el mundo estaba pleno y de que a mi tan solo me esperaba la nada. Y mi garganta se ha hecho nudo; y el camino hasta mi casa se ha hecho largo.

domingo, 17 de abril de 2016

Una tarde de primavera

Obra de Vladimir Volegov. 

Volegov es un artista ruso cuyo leitmotiv es la mujer. A ella Recurre una y otra vez con el fin 
de plasmar la belleza en su obra. Quizá convencido de que es la mejor manera de hacerlo. 

"Mientras exista una mujer hermosa
habrá poesía."

Todo pasó una tarde de primavera. Ella estaba ahí, de pie, preciosa, y con su larga melena rizada oscilando al compás armonioso de la brisa tibia que hacía agradable aquella hora luminosa. Tuve en ese instante la sensación de estar entero, de estar completo... Sentí que al mundo no le faltaba nada para ser perfecto; que todo era armonioso, estable, eterno...

Me contenté tan solo con mirarla, y absorto me extasiaba contemplando su belleza. Deseé que nada cambiara, que aquel encantamiento permaneciera imperturbable para siempre.

Todavía evoco la sensación de aquel momento cada vez que recuerdo aquella tarde; aquella tarde que inundó de paz mi alma.

Son amores que duran un segundo, un minuto, tal vez; pero... qué plenos..., qué bellos... Nos regalan la eternidad por un instante.

Quién pudiera enamorarse cada día como aquella hermosa tarde de abril... Quién pudiera volver a enamorarse a cada instante de aquella preciosa muchacha que hizo, sin saberlo, mi vida más liviana... Todo giraba en torno a ella, mientras mi ser permanecía tranquilo gravitando alrededor del universo infinito de su belleza.

No dije nada. Tampoco era preciso hacerlo. Bastaba el silencio para aquel amor.


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