"...el mar, la mar, nuestra alta mar, se abre de nuevo ante nuestros ojos, y, tal vez, jamás tuvimos ante nosotros un mar tan ancho." F. Nietzsche
"Caminante no hay camino
sino estelas en la mar"
"Y pues V.M. escribe se le escriba y relate el caso por muy extenso, parescióme no tomalle por el medio, sino por el principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto."
A ti, rígida y vieja
que aguantas el vaivén de los vientos,
que impertérrita desafías al huracán;
cuánto daría por parecerme a ti,
por ser enhiesto y firme como tú.
Cómo quisiera, a través de los siglos,
a través de mil eras, enfrentarme a ella,
sin caer de rodillas suplicante,
sin desear más un beso de su boca.
Cuánto gustara yo de ser como tú, montaña,
que no conoces,
que no sientes dolor,
que eres muda, inerte, fría... y eterna.
"Ser-ahí significa estar sosteniéndose dentro de la nada." M. Heidegger
Domingo, seis de la tarde: una inmensa nada por delante. Pero...¿acaso puede ser la nada inmensa? Inmenso más bien debería de ser el todo; y, sin embargo, el todo limita con la nada, que quizá sea más inmensa que él.
Decía que son las seis de la tarde, y que es domingo. Ya he tomado el último café de la semana y me dirijo hacia mi casa. ¿Qué haré ahora? ¿En qué me entretendré? ¿Con qué mataré este tiempo muerto? ¿Cómo llenaré esta nada? ¿Acaso se puede llenar la nada? Supongo que no. Para llenarla tendría que ser algo. Además, ¿no habíamos quedado en que la nada era más inmensa que todo cuanto hay? Pero, si esto es así, a la nada, nada podría llenarla; ni tan siquiera el todo. Y ¿qué es el todo, si la nada lo abarca y tal vez lo incluye?
Si me oyera mi profesor de metafísica, aparte de suspenderme, me diría con esa voz que pareciera existir sólo para ser irónica, que "la nada no es nada. No puede incluir al todo. El Ser es, y el no-ser, no es. No hay nada fuera del Ser". A lo que Heidegger podría responder que la nada es lo que hace posible que se manifieste lo que es.
En fin, supongo que llegaré a mi casa y oiré algo de música o leeré alguna página de algún libro, seguramente de Nietzsche. Al fin y al cabo es el mejor autor para intentar superar este nihilismo vespertino de domingo. Pero, aún así, tengo la sensación de que por muchas cosas que haga para no verme definitivamente catapultado al vacío, siempre quedará ese hueco irredento en el alma que nada podrá llenar. Y es que ni se puede, ni se debe huir del vacío, pues es donde se nos desvela el sentido de nuestra existencia.
De momento me he detenido, y con la brisa suave de la tarde me ha llegado esa inconfundible sensación de angustia, de estrechura. He tenido la sensación de que el mundo estaba pleno y de que a mi tan solo me esperaba la nada. Y mi garganta se ha hecho nudo; y el camino hasta mi casa se ha hecho largo.
Volegov es un artista ruso cuyo leitmotiv es la mujer. A ella Recurre una y otra vez con el fin
de plasmar la belleza en su obra. Quizá convencido de que es la mejor manera de hacerlo.
"Mientras exista una mujer hermosa
habrá poesía."
Todo pasó una tarde de primavera. Ella estaba ahí, de pie, preciosa, y con su larga melena rizada oscilando al compás armonioso de la brisa tibia que hacía agradable aquella hora luminosa. Tuve en ese instante la sensación de estar entero, de estar completo... Sentí que al mundo no le faltaba nada para ser perfecto; que todo era armonioso, estable, eterno...
Me contenté tan solo con mirarla, y absorto me extasiaba contemplando su belleza. Deseé que nada cambiara, que aquel encantamiento permaneciera imperturbable para siempre.
Todavía evoco la sensación de aquel momento cada vez que recuerdo aquella tarde; aquella tarde que inundó de paz mi alma.
Son amores que duran un segundo, un minuto, tal vez; pero... qué plenos..., qué bellos... Nos regalan la eternidad por un instante.
Quién pudiera enamorarse cada día como aquella hermosa tarde de abril... Quién pudiera volver a enamorarse a cada instante de aquella preciosa muchacha que hizo, sin saberlo, mi vida más liviana... Todo giraba en torno a ella, mientras mi ser permanecía tranquilo gravitando alrededor del universo infinito de su belleza.
No dije nada. Tampoco era preciso hacerlo. Bastaba el silencio para aquel amor.
grandes voces, por todos los milagros que habían visto.
Decían:
¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!
Paz en la tierra y Hosanna en las alturas.
Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente,
le dijeron: -Maestro, reprende a tus discípulos.-
Él les respondió:
-En verdad, en verdad os digo
que si éstos callan, gritarán las piedras.-"
Lc. 19, 37-40
Paso de "La Burrica" de Cieza (Murcia) - Fotografía de Manuel Carpio
Un año más vuelve a ser Domingo de Ramos. Y menudo Domingo de Ramos. Hacía tiempo que no se dejaba caer uno tan bueno. Sol, aire tibio, aroma a flores, palmas frescas, 18 grados aproximadamente, y la vida en las calles. Gente que va y que viene con su palma, con su traje de chaqueta, con su túnica; gente que aparca los problemas por una semana y se lanza a la calle a disfrutar de la primavera y del buen tiempo. Personas que hace años que no se ven y que de repente se reencuentran, se saludan, se abrazan, se besan, se entusiasman... ¿Quién sabe? Tal vez regrese en estos días algún amor perdido. En Cieza, durante la Semana Santa, cualquier cosa es posible. Y es que la música en las calles, el aire que viene de la huerta con perfume de azahar, los pasodobles y marchas procesionales tras de un trono, el clima propicio que llama a la vida, y el sentirse uno de su pueblo como en ningún otro momento del año, hacen que reine un orgullo que se palpa, que dé gusto estar en Cieza, y que uno esté abierto a que vuelva cualquier cosa. Al fin y al cabo, qué es la Semana Santa si no un "perpetuo volver" año tras año, cual las nubes de Azorín, "siempre las mismas y siempre distintas", mas siempre en retorno perdurable.
Yo, como si la partitura marcara coda, y también mi alma fuera un perpetuo ritornello, no consigo separarme de mis tópicos. Siempre que pregono la Semana Santa hablo de amor, de música, de flores, de Azorín, de eterno retorno, de abrazos y achuchones en las calles, de parejas que se aman y que hacen recordar al alma dormida... Todo ello habría que enfatizarlo más, si cabe, gritando: ¡Carpe diem, tempus fugit, vita brevis! Porque aún más breve que la vida y más fugaz que el tiempo es la felicidad, que no dura un suspiro. Hay que pillarla al vuelo y disfrutarla mientras nos acompañe siempre huidiza.
Esta tarde, después de comer, he cogido el coche y me he ido a dar una vuelta por la huerta, el incensario ciezano. Y, si bien el tiempo no era tan esplendido como esta mañana, la vida estaba en el campo, igual que en la ciudad: estaba en los almendros, en los olivos y en los sauces, en los frutales en flor a la orilla del río... Soy testigo. Y es que durante la Semana Santa es la vida la protagonista y no la muerte. "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde tu aguijón?" Es, pues, la vida en abundancia lo que importa. Y, aunque hubiere de venir la vida eterna, "coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto", por si acaso. Yo por aplicarme esta receta, esta semana me dejo la oposición que estoy preparando y voy a refrescar la garganta tomándome unas buenas cervezas con habas, olivas y boquerones. Y después... ¡Que la Magdalena me guíe!
Esta semana ha sido una semana de despedidas. Se han ido dos viejos amigos. El primero era un viejo amigo por la edad que tenía. Con 92 años, nos ha dejado. Yo tuve la suerte de ser su amigo tan sólo unos tres años, pero siempre hubo entre nosotros cortesía, respeto y buenas conversaciones. Es lo malo que tiene tener viejos amigos: que se marchan pronto. En fin: se te echará de menos, Juan María. Hasta luego, amigo.
El otro viejo amigo que se ha ido, es mi mejor amigo, un hermano que me ha dado la vida. Javier. Éste no se ha ido tan lejos como el otro, pero casi. Se ha marchado al otro extremo del mundo, a Lima. Allí intentará vivir su vida, su vocación y su aventura. Que seas feliz, amigo. En dos años volveremos a nuestros paseos vespertinos por el Picarcho al sol de media tarde, y a hablar de lo humano y lo divino, mientras intentamos afinar nuestras mentes para contemplar lo que para otros está velado. Verás que pasarán volando. Gracias por tu amistad y compañía.
Antes me gustaba el verano, pero
ahora es la estación que menos me gusta del año. No sé cómo ingleses y
alemanes, entre otros, se vienen aquí a pasar estos meses de Julio y Agosto, con
unas temperaturas que oscilan entre los 40 y los 45 grados. Si yo pudiera, me
iría a Finlandia, a Noruega o a algún país nórdico para poder pasar el verano
al fresco. Allí estaría en una cabaña, con una buena chimenea para poderla
encender por las noches, en buena compañía y con buenos libros: sueño dorado.
Eso sí sería un buen verano. Y es que allí ni tan siquiera en el estío suelen
rebasar los 15 ó 20 grados durante el día. Con frío se piensa mejor, se come
mejor, se viste mejor, se duerme mejor... Aquí en España, durante el verano,
uno tiene que estar en su casa con el aire acondicionado puesto hasta que
oscurece, cuando ya, por fin, se puede salir a la calle sin temor a quedarse
deshecho en una acera. Eso, o bien estar metido en el agua durante todo el día,
lo cual no es cómodo ni deseable, aunque nunca venga mal un buen chapuzón en la
playa o la piscina. No puedo con los calores, y mucho menos cuando pienso que
tengo que trabajar y que entro a las 3 de la tarde. Si alguna vez me lo puedo
permitir, me iré a pasar los veranos al norte de Europa, o bien a algún país
donde no sea verano. Arriba os dejo una imagen invernal que seguro que
refrescará y que, además, es muy bonita.
Voy a recoger en esta entrada una serie de apuntes que tomé en una charla que dio un profesor, del cual no recuerdo el nombre, en un curso sobre Internet y la educación, y a los que he añadido algunas notas propias. Guardé celosamente esos apuntes porque estuve de acuerdo con casi todo lo que dijo este profesor y, además, me pareció que aportaba bastante luz con sus palabras a un asunto en el cual no se ha profundizado lo suficiente, a pesar de que quizá debiera ser el tema más importante a tratar a la hora de enfocar la educación en nuestros días, si queremos que ésta sea de calidad. Os dejo un resumen de las notas que tomé:
Hoy en día, Internet es el medio de información más importante que existe. En la red se acumula más información que en cualquier otro medio que haya podido haber a lo largo de la Historia. Internet es un medio educativo, es un medio de ocio, de interacción, de corrupción, de depravación...
Con el surgimiento de los medios de comunicación y de transporte hasta ahora conocidos, el mundo se unificó bastante, pero Internet ha anulado la idea de frontera. Nuestros países, nuestros límites, y hasta incluso nuestras vidas se han hecho porosos.
Con Internet surge la cibercultura, lo que nos debe hacer preguntarnos hasta qué punto, esta cibercultura, facilita y/o dificulta nuestra propia vida; y, en último término, cómo favorece al hombre que queremos ser cada uno de nosotros, y al hombre en sentido transcendental, tanto ahora como de cara al futuro. También debemos preguntarnos si Internet tiene una capacidad antropogénica, esto es, debemos preguntarnos si Internet puede crear un hombre nuevo. En la actualidad, la pregunta filosófica acerca del hombre ya no es la kantiana, a saber, "¿Qué es el hombre?", sino que esta pregunta se convierte en "¿Qué queremos hacer del hombre?". Esta última pregunta se hace especialmente relevante cuando la extrapolamos a la educación. En nuestra sociedad, Internet comienza a ser -creo que para mal porque no se sabe utilizar- el principal maestro. De hecho, con toda la razón de un tonto, el mismísimo Homer Simpson dice en uno de sus discursillos que "con esto de Internet los niños se crían solos". En realidad, esto no es algo malo en sí mismo, sino que es negativo solamente en la medida en que los educandos no sean capaces de adoptar un punto de vista crítico ante el medio.
El personal docente, tanto de colegios, como de institutos y universidades, debería preparar al alumno para utilizar Internet. Es apasionante buscar información en este medio, entre otras cosas porque uno se convierte en protagonista de su propia educación. Los docentes, sobre todo en colegios e institutos, deberían saber y enseñar que los ordenadores no están en los centros para que los niños jueguen y se entretengan. Si ésta es la práctica habitual en las aulas, es normal que la cibercultura esté generando una sociedad totalmente rizomática, superficial y ligada al entretenimiento. Sin embargo, Internet puede ser un medio muy positivo. Las sociedades ilustradas han hecho siempre de la información un medio para la libertad del hombre. Como ya decíamos antes, Internet es el gran gigante de la información, sin embargo, no es un medio de la sociedad de masas al estilo de los periódicos o la televisión, ya que Internet permite la interacción entre varios actores. Todo el mundo está en condiciones de acceder a la información que hay colgada en la red y de plantear lo que crea oportuno, e incluso de contestar o refutar a cualquier otro.
Por otro lado, los medios de comunicación a los que estamos acostumbrados tienen que pasar por creadores de información que, además, normalmente, manipulan esa información. Sin embargo, gracias a Internet la información se acelera y nos llega libre y sin pasar por la cocina. Esto tiene el inconveniente de que, si no somos capaces de contrastar la información adecuadamente, estamos expuestos a bulos y a manipulaciones, más peligrosas, si cabe, que las de los medios de comunicación comunes. Alguien puede generar cierta información en la pantalla de su ordenador o de su móvil y hacer incluso que un gobierno fuerte caiga en tres días. Recordemos lo que pasó el 13 de Marzo de 2004 en plena jornada de reflexión. Internet hace que el conocimiento viaje libre, sin que sea filtrado por los creadores de opinión pública, e incluso sin atender a las restricciones que marcan las leyes. Esto puede tener el inconveniente, como digo, de que se puede recibir información falsa en situaciones de emergencia, y, como consecuencia, se puede provocar que algunas personas reaccionen impetuosa e irreflexivamente. Sin embargo, tiene la ventaja de que ya no estamos sujetos a los sesgos que nos presentan los directores de televisión o de periódicos, ya que tenemos acceso a una gran cantidad de opiniones y a una multitud de fuentes de información. No obstante, hay que insistir en una cosa: no se puede confundir la fluidez de la información con la reflexión acerca de la misma. Por eso, siempre seguirá siendo importante la educación clásica, la disciplina a la que nos obliga el libro en las aulas, la consecución de un pensamiento crítico mediante el estudio de la Filosofía, la Historia, la Lengua y las Matemáticas. En definitiva: la búsqueda del pensamiento reflexivo, la coherencia, el sentido, el significado y el orden. Si la gente, ante la multiplicidad de opiniones que se vierten en Internet, aprende a adoptar una actitud crítica y reflexiva, entonces Internet será un medio excelente para la educación.
Para conseguir esto, lo primero que hay que hacer, aparte de reflexionar sobre la información que recibimos de la red, es atender a la multiplicidad de opiniones, para así poder contrastar y buscar la coherencia. En Internet hay mucha pluralidad informativa, siempre que no nos quedemos en los 10 primeros resultados que nos aparecen tras hacer una búsqueda en Google. En definitiva, se trata de buscar información con validez acreditada y contrastarla. Ésta debería ser una de las principales misiones de los docentes en las aulas, si lo que se quiere es aumentar la calidad educativa y tener alumnos críticos, reflexivos, y no facilmente manipulables.
Como ejemplo de utilización de Internet como vehículo y apoyo para la educación aludiré a un proyecto que conocí de primera mano cuando se llevó a cabo allá por el año 2009 (y digo "se llevó" porque su autor hoy ejerce una actividad distinta a la enseñanza y este trabajo dejó de implementarse en 2012) que fue el Proyecto COMPAH. Su autor es Juan José Ríos, profesor de matemáticas, y, además, mi tío. También tenía un sitio web llamado La Pizarra de Juan J. Ríos. Y actualmente actualiza regularmente dos blogs de innovación La i de innovación y Euroresidentes.
Ayer por la tarde estaba trabajando cuando de repente reparé en una palmera. Al
concentrarme en la visión de la palmera me di cuenta de que es una planta
maravillosa. Normalmente en España aparece sola y no suele aglomerarse en grandes
grupos (salvo en los palmerales de Elche y en los cultivos de Canarias) y para mí es un ejemplo de belleza,
esperanza, fortaleza y vida. Las palmeras, además, simbolizan fecundidad,
victoria, exuberancia..., el paraíso... Nunca antes había reparado en ellas,
pero ayer me di cuenta de que me gustan mucho las palmeras. Si alguna vez tengo
una casa con jardín, en él habrá al menos una palmera. Una palmera como vigía y
centinela, como “voz que clama en el
desierto”. Es precisamente así como yo veo la Filosofía. Y, en cierta medida, también a los filósofos: siempre
solos, a fuerza de recorrer el camino que los lleva hacia sí mismos, pero fecundos y dando consistencia a la realidad, y esperanza a la humanidad.
Hoy me gustaría recomendar un pequeño libro que creo que puede venir a colación de la soledad de los filósofos. El libro en cuestión es La consolación de la Filosofía de Boecio. Boecio fue un filósofo que, acusado injustamente de traición, murió ejecutado en el año 525 d.C. Sin duda, fue el hombre más culto de su época, y tras su muerte y el cierre de la Academia de Platón en el año 529, vinieron unos siglos en los que la Filosofía guardó silencio. Comienza, así, la Edad Media que, por supuesto, también dará sus frutos, filosóficamente hablando. Boecio escribió La consolación de la filosofía mientras estuvo en prisión esperando su muerte. Solo. O bueno: con la Filosofía como única compañera.
Como anticipo del libro que recomiendo os dejo un texto que aparece en él:
"Quien con ánimo sereno
sabe poner el destino implacable bajo sus pies
y mira impasible la mudable fortuna
permanecerá inmóvil ante la furia amenazadora del Océano
que hace surgir desde su más profundo abismo
sus agitadas olas.
Ni el bramar del Vesubio caprichoso cambiará su ánimo,
cuando rotos sus hornos encendidos,
lanza las llamas envueltas en humo.
Inmutable, sigue ante el estruendo del rayo ardiente
que hiere las torres.
¿Por qué los pobres miran impotentes y con rabia a los tiranos crueles?
Nada esperes, nada temas,
y dejarás desarmado e impotente a tu enemigo.
Pero quien tiembla o vacila, porque no está seguro
Parménides nació en Elea que
está al sur de Italia. Actualmente recibe el nombre de Velia. Este filósofo
nació como muy pronto en el 540 a.C., y murió en el 450 a.C. Hay algunos que
dicen que nació en el año 510 a.C.
De su obra nos ha llegado el
conocido Poema, aunque el nombre que él quiso darle fue
"Peri physeos" (Sobre la naturaleza). Este poema es un
estudio acerca de lo existente, pero de él no queda absolutamente nada. El original se ha
perdido entero. Sólo se conservan fragmentos y citas de otra gente, entre ellos del filósofo Simplicio, que vivió en el s.VI de nuestra era. A nosotros, mediante estas citas, nos ha llegado el Proemio entero,
una primera parte casi entera, y una segunda parte muy fragmentada e
incompleta.
PROEMIO: LAS TRES VÍAS PARA CONOCER.
Parménides cree que los dioses
(en este caso la diosa) revelan a los hombres la verdad. Todavía no hay en él
una escisión completa entre mito y logos. Dice así:
Frag. 1
“Y la diosa me acogió benévola; tomó en su mano
mi mano diestra y así me dirigió la palabra y me decía:
Joven acompañante de aurigas inmortales
llegado con las yeguas que te traen a nuestra casa, salud;
que no fue un hado malo quien te impulsó a tomar este camino
(pues de cierto que está fuera de lo hollado por los hombres)
sino ley y justicia. Preciso es que conozcas todo:
tanto el corazón imperturbable de la verdad bien redonda
como las opiniones de los mortales en que no cabe creencia
verdadera.
Aun así, también aprenderás cómo es preciso
que las opiniones sean en apariencia, entrando todas a través de todo.”
LA VÍA DE
LA VERDAD BIEN REDONDA.
Frag.2
"Ea pues, que yo voy a contarte (y presta tú
atención al relato que me oigas)
los únicos caminos de búsqueda que cabe concebir:
el uno, el que es y no es posible que no sea,
es ruta de persuasión, pues acompaña a la verdad;
el otro el de que no es y el de que es preciso que no
sea,
éste te aseguro que es sendero totalmente
inescrutable.
Y es que no podrías conocer lo que no es -no es
alcanzable-
ni tomarlo en consideración.
Pues lo que cabe concebir y lo que cabe que sea son
una misma cosa."
Para Parménides hay que
imaginar el ser como una bola bien redonda, fuera de la cual no hay nada. Hay
también que afirmar el ser y que negar el no ser. Como podemos ver en el texto,
pensar y ser son una misma cosa ("pues lo que cabe concebir y lo que cabe
que sea son una misma cosa"). Para Parménides, pensar, decir y ser es
prácticamente lo mismo. Se piensa lo que es y se dice lo que se piensa. La
realidad se nos muestra por el pensamiento, y no podemos someternos a las
opiniones de los mortales. Al ser se llega por el intelecto.
Pero, ¿qué es el ser de
Parménides? Hemos de tener en cuenta que el "Peri physeos"
es un tratado sobre la naturaleza. No está en el pensamiento de Parménides
hacer un tratado metafísico u ontológico, y mucho menos lógico (aunque este texto sea uno de los que, sin duda, dan origen
a la metafísica, a la ontología e, incluso, a la lógica, a través del principio de identidad que ya está contenido en él), sino sobre lo natural. Para Parménides,
el ser es todo lo que existe en la naturaleza, fuera de la cual no hay nada.
Sus características son las siguientes:
1. Ingenerado==> No puede nacer, ha de ser eterno.
2. Incorruptible=>No puede ir al no ser.
3. Eterno =====> No tiene pasado ni futuro.
4. Indivisible ===>No tiene partes. Si no, A no sería B.
5. Limitado====> El ser está en sus límites, en lo dado, en lo que es.
6. Es Uno
La filosofía siempre ha
buscado el principio; pero para Parménides no hay principio. "El ser es y
el no ser no es". El ser no puede no ser, y el no ser no puede llegar a
ser. En consecuencia, el ser tiene todas las características que hemos
enumerado anteriormente. El ser es ingenerado, puesto que el
no ser no puede llegar a ser. El ser es incorruptible, en
tanto que lo que es, es, y, en consecuencia, el ser no puede convertirse en no
ser. Es eterno, ya que no puede no ser, y nada que no sea
puede llegar al ser, lo que nos hace tener un ser sin principio ni fin. El ser
es también indivisible, ya que si no fuera así, cualquiera de
sus partes no sería la otra, por lo que estaríamos afirmando el no ser. Es,
asimismo, limitado, pues lo que es, está dado, y lo dado es
limitado. Y, por último, es Uno, pues si hubiera varios, entre
ellos se daría el no ser.
A la luz de lo anterior,
podemos decir que, para Parménides, tiene que haber una coherencia entre pensar
y ser. Hasta donde llega el intelecto llega el ser. Quien nos dice lo que es el
ser es el pensamiento. No se puede entender el ser sin el pensar, pues hay una
correspondencia entre pensar y ser. Esta identificación del ser con el pensar es precisamente lo que se ha conocido
como monismo de Parménides, y es la gran aportación que hizo este filósofo a la
Historia de la Filosofía, ya que hay algo de insuperable en ello, y es que,
quien pretenda siquiera acercarse a la verdad, a lo que es, tendrá que hacerlo
inexorablemente a través del pensamiento.
LA VÍA DE ERROR (OPINIONES NO VERDADERAS)
Para Parménides, hay una
multiplicidad de opiniones frente a la unicidad del ser. Hay mortales que están
mezclando continuamente el ser y el no ser. Mortales que opinan, por
ejemplo, que el ser es múltiple o que es mutable. Parménides nos prohíbe decir
todo esto. Según él, se debe decir y pensar lo que es. Hay que apartar el
pensamiento del no ser, pues los que por ahí caminan, caminan bicéfalos.
Frag. 6.
"Es necesario que sea lo que cabe que se diga y
se conciba. Pues hay ser,
pero nada, no la hay. Te exhorto a que medites sobre
ello,
pues te aparté lo primero de esta vía de indagación.
Mas también de esta otra, por la que de cierto
mortales que nada saben
caminan errantes, como bicéfalos, pues la incapacidad
que anida
en sus pechos torna derecho un pensamiento
descarriado."
Frag. 7.
"Y es que nunca se violará tal cosa, de forma que
algo, sin ser, sea.
Así que tú aparta de esta vía de indagación tu
pensamiento,
y que la rutina de la mucha práctica no te fuerce
tampoco a encaminar
por esta vía ojo desatento, oído resonante
y lengua: en vez de eso has de juzgar con tu razón la
prueba muy argumentada
que te he propuesto.
LA JUSTIFICACIÓN DE LOS FENÓMENOS
Según Parménides, sólo hay que afirmar la vía del
ser. Parménides, al final de su poema, hace una transición hacia otra cosa. Intenta mostrar la incoherencia de la opinión de los mortales, a la vez que intenta dar una especie de explicación a los fenómenos. Aunque, desgraciadamente, esta parte es la que menos clara está por incompleta.
Frag. 8.50
"En este punto ceso el discurso y pensamiento fidedignos
y el planteamiento acerca de la verdad. Aprende desde ahora mortales opiniones, oyendo el orden engañoso de mis frases."
Frag. 8.60
"Narro el orden cósmico como un todo coherente y verosímil,
de tal manera que nunca algún parecer de los
mortales supere esto y te aventaje."
Parménides intenta ver qué
hace con las apariencias. Él se da cuenta de que los fenómenos aparencialmente
no coinciden con su descripción del ser. Aun así, Parménides cree que hay que
afirmar el ser por la vía de la razón, aunque los sentidos nos revelen otra
cosa. La diosa le dice al filósofo de Elea que existe un orden cósmico que se
puede narrar de tal manera que supere la opinión de cualquier mortal, o, lo que
es lo mismo, un orden cósmico que se ajusta a la razón, un ser que se
corresponde con el correcto pensamiento. Para Parménides, los sentidos de los
hombres se encaminan hacia la realidad por vías falsas, mientras que la razón
es capaz de revelarnos en qué consiste el ser. Sin embargo, las apariencias
existen, y existen de tal manera que niegan el orden racional del Ser y su
unidad.
Frag. 17
"A la derecha, los muchachos; a la izquierda,
las muchachas."
La cuestión es que, aunque la
razón rechaza la multiplicidad, los sentidos nos dicen que hay cambio, variedad
e incluso contradicción. Parménides no fue capaz de dar una solución a esta
aporía. Serán Platón y Aristóteles los que darán solución a este problema.
Los textos citados los he sacado de un pequeño libro titulado De Tales a Demócrito, editado por Alianza Editorial. En él encontraréis una recopilación de los fragmentos que se conservan de los filósofos presocráticos más importantes. Además, aquí debajo os dejo un vídeo de un profesor universitario que hace un acercamiento a Parménides.