"Y pues V.M. escribe se le escriba y relate el caso por muy extenso, parescióme no tomalle por el medio, sino por el principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto."

El Lazarillo de Tormes

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El Bien y el mal


"Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito de lo visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público."  
Platón, La República, Libro VII, 517 b-c

La cita anterior es el desenlace del mito de la caverna. Sócrates dice a Glaucón que lo último que el ser humano puede percibir, "y con dificultad", es la Idea del Bien. Un poco antes, en el Libro VI 509 b, ha afirmado que el Bien está por encima de todas las cosas "en poder y dignidad". No da, sin embargo, una definición del Bien porque el Bien está "más allá de las esencias" (ἐπέκεινα τῆς οὐσίας) y por lo tanto no es cognoscible plenamente, solo perceptible.

Estas características del Bien platónico pasan de alguna manera a engrosar la lista de cualidades de Dios en el cristianismo. Dios no es cognoscible plenamente, está más allá de todas las cosas y las supera en poder y dignidad. El Bien supremo sería Dios y estaría en Dios, que es lo máximamente perfecto. El Bien, pues, mana de Dios y alcanza a todas las cosas rectas y buenas. 

Pero, ¿existe el Bien? Si Dios existe, por supuesto; y aunque esa no sea en absoluto una hipótesis necesaria para jugar a este juego, decido aceptarla. Lo que sea el Bien, al igual que le pasaba a Platón, no es definible, al menos por completo. Sin embargo, se han aventurado definiciones bastante satisfactorias de lo bueno. Según Brentano, "lo que sea amable con amor justo, lo digno de ser amado, es lo bueno en el más amplio sentido de la palabra".

Si tomamos la definición de Brentano como referencia de lo bueno, ya podemos tener una brújula moral para guiarnos, aunque vislumbremos el Bien sólo de forma indirecta. Bueno es lo digno de ser amado justamente. ¿Existen amores justos y amores injustos? Ciertamente. El amor justo es el amor a lo digno de ser amado, esto es, a lo que posee la dignidad suficiente como para ser amado. Pero, ¿qué es lo que tiene dignidad suficiente como para ser amado, o, simplemente, dignidad? Lo que no tiene precio ni puede tenerlo. Para Kant, "la dignidad es aquello que se encuentra por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente". 

Si esto es así, la dignidad, como tal, sólo se da en Dios y en el ser humano. Lo digno de ser amado serán, ante todo, estas dos realidades. En el caso de Dios, si se cree en él, no hay problema en aceptarlo porque estamos hablando de un ser perfecto, pero en el caso del ser humano, ¿hay algunos más dignos que otros? En sentido estricto, quizá no. Pero sí que hay personas que se comportan con mucha mayor dignidad de ser amadas que otras y que alcanzan un mayor grado de perfección en su vida. Hay personas que son mucho más amables que otras porque con sus actos se hacen a sí mismas dignas de amor. A eso se le llama una buena persona: a aquella que con sus actos nobles y amables, se hace digna de ser amada. Es cierto que aquí el término "digno" (o digna) se usa como sinónimo de merecedor y no como aquello que no tiene precio. Pero el término de dignidad tal y como lo entendía Kant, incluye, qué duda cabe, ese merecimiento. 

Por otro lado, y en un sentido más aristotélico, una buena persona sería aquella que desarrolla máximamente las virtudes que son propias de los seres humanos: el amor, la amistad, y sobre todo la razón, la virtud más alta. Ésta es la encargada de orientar la vida hacia el Bien y la felicidad.

Vayamos ahora a lo contrario, pues la realidad, como afirmaban los presocráticos es la lucha entre contrarios. Si tomamos lo malo como lo opuesto de todo lo que acabamos de decir, tenemos que lo malo es aquello que no es digno de amor. Incluso, como decía Brentano, aquello que es digno de odio. En el caso de las personas, algunas realizan acciones despreciables e incluso odiables. Ninguna persona es digna de odio por el hecho de serlo, pero sus acciones sí lo son. Cuando alguien comete esas acciones, al menos si lo hace constante y conscientemente, estamos hablando de una mala persona. Quien no cultiva la amistad sino la enemistad; quien elige el odio en lugar del amor; quien se deja llevar por la sinrazón sin atender a la razón, quien introduce el sufrimiento donde no es necesario, se convierte también en mala persona. 

¿Qué es el mal, entonces? Si hemos dicho que existen cosas malas, tendrá que existir el mal, aunque sea como reflejo o como algo incompleto o negativo. De hecho puede que su existencia, aunque sea de esta forma parcial, sea necesaria para mantener el equilibrio del mundo —el juego que se está eternamente jugando que ya describieron los presocráticos, esa lucha entre contrarios— y la posibilidad de la libertad. Pero, ¿existe el mal perfecto? Lo perfecto no puede ser malo por definición, pero por esa misma razón, nada en el mundo puede ser completamente malo ni completamente bueno, salvo Dios, que sería lo único perfecto. El mal perfecto es una contradicción, esto es, sería en realidad lo máximamente imperfecto, lo contrario de Dios. Si Dios existe siendo el ser máximamente perfecto con existencia plena y eterna, entonces lo absolutamente contrario no puede existir: sería la ausencia total o absoluta, el No-Ser. En ese sentido, el mal es una ausencia o un alejamiento del Bien, una impotencia de hacer el Bien o un desconocimiento del Bien, o, si queremos, de Dios. Pero el mal absoluto no es una entidad con existencia autónoma ni que se dé plenamente en ningún ser, tal y como el Bien se da en Dios. ¡Ojo! No estoy negando la existencia de un ser malo hasta el límite, independientemente de si existe o no tal ser. Estoy negando la existencia del mal absoluto, sólo eso. Todo lo que aumenta nuestra imperfección es lo malo; todo lo que nos acerca a la plenitud y a la perfección es lo bueno. Por ello, lo malo es digno de odio; lo bueno digno de amor.

Sin ánimo de agotar el tema, algunas derivaciones son las siguientes: 

Sócrates sostenía que quien obra mal lo hace siempre por desconocimiento, porque ignora que el mal siempre acaba llevando a la infelicidad, a la quiebra de la dignidad personal. Los malvados obran mal por ignorancia, ya que nadie en su sano juicio querría ser un infeliz, un desgraciado.

Boecio afirmaba que el que obra mal lo hace por impotencia, por incapacidad de realizar el bien. Para hacer el Bien hay que poder. Dios, que es el único omnipotente, es también el único que es máximamente bueno. En el resto de seres la impotencia los lleva a obrar mal en ocasiones, incluso aunque no quieran. 

Podríamos explorar el tema agustiniano del mal en la naturaleza, o introducirnos en el problema del mal en la Teodicea, pero ello nos apartaría del núcleo de nuestra reflexión actual.

Finalmente, y para concluir, podemos afirmar que si lo bueno estriba en la dignidad de ser amado, entonces el amor se erige como el valor supremo. A través de él, comprendemos la dignidad humana, la virtud y la responsabilidad de nuestros actos. Incluso el propio Bien podría ser comprendido a través del amor. Puede que al final, y con dificultad, vislumbremos la Idea del Bien, pero quizá exista algo aún más grande, que también trasciende a las esencias y que, en realidad, no se encuentra al final sino al principio. Así, el amor no es solo un sentimiento: es el camino que nos guía hacia el Bien y hacia la plenitud porque nos hace partícipes de lo divino en nuestras acciones y en nuestra vida. 

"Donde no puedas amar, pasa de largo."

F. Nietzsche


"Ama y haz lo que quieras."

S. Agustín de Hipona

sábado, 6 de septiembre de 2025

Debemos un gallo a Asclepio

"Critón, debemos un gallo a Asclepio. No olvides pagárselo."

Aunque no está en absoluto claro, se cuenta que Sócrates en cierta ocasión dijo a Critón que le parecían inútiles los sacrificios a Asclepio, y que él sólo le sacrificaría un gallo si este dios le permitiera morir filosofando y rodeado de sus amigos. Las de arriba son sus últimas palabras.


Las páginas en blanco me ponen nervioso. Un horror vacui me asedia y tengo que empezar a escribir, aunque no sepa qué. ¿Será la vida una página en blanco que vamos llenando con nuestros actos, con manchas y borrones, e incluso, alguna vez, con trazos bellos? ¿O será, más bien, un camino marcado por el que vamos transitando letra a letra, paso a paso, cumpliendo lo que alguien ya escribió sobre nosotros? ¿Libertad o predestinación? ¿Caos u orden? ¿Dios o la nada? ¿La ciencia? ¿Qué ciencia? ¿Quién cree en la ciencia? ¿Qué sabemos? ¿Qué saben, y en qué creen, los que juegan a ser Dios? No digo los científicos: digo los que juegan a ser Dios. En cualquier caso, estoy aquí, delante de un papel que ya no está tan en blanco, escribiendo. ¿Por qué escribo? Quizá porque alguien me lo ha pedido o quizá porque necesito hacerlo.

La última entrada de este blog es de hace cinco años, y retomar la pluma después de tanto tiempo no resulta fácil. He perdido referencias, y puede ser que me haya deshecho de ciertos tópicos que me acompañaban constantemente, o que los haya sustituido por otros; no lo sé. Tendré que descubrirlo. Con la pandemia, el mundo se me presentó desencantado. De repente vi las cuerdas de las marionetas, las manos que movían los guiñoles. Antes había intuido algo, porque siempre me han interesado las finanzas y veía la manipulación en los mercados y la economía, pero no pensaba que esa manipulación pudiera llegar a todos los ámbitos de la realidad. El marco mental del que me había servido para interpretar el mundo ya no me valía; la tramoya había quedado expuesta ante mis ojos. Tenía que repensarlo todo, y dejé de escribir. ¿Era Matrix algo más que una película? ¿Era el mito de la caverna una verdad de siglos de una magnitud tal que el prisionero realmente era incapaz de darse cuenta de su estado? ¿Cómo había podido yo (¡yo!) ser tan iluso y estar tan engañado? La manipulación fue tanta que, en ese momento, se vio la mascarada y descubrí un mundo mucho más cínico y perverso de lo que había imaginado. Fuimos muchos los que nos dimos cuenta. El mundo era un casino turbio en el que unos actores guiaban a unos ciegos. Habíamos votado a corruptos que estaban a las órdenes de unas élites que los habían comprado a precio de saldo para hacer fortuna a nuestra costa. 

En El Show de Truman, todos los actores son pagados y manipulan a Truman, salvo la chica que se enamora verdaderamente de él y que intenta salvarlo. Nuestros políticos son los actores del show y están a las órdenes de plutócratas que nos estafan y nos perjudican en el ámbito de la salud, del medio ambiente, de la economía, de la educación, de la justicia y de la guerra —esa guerra que destruye vidas y haciendas con armas pagadas a empresas privadas con nuestros impuestos; esa guerra que después permite que ciertos magnates y fondos de inversión se lucren con las reconstrucciones—. 

Si soy sincero, si yo hubiera sido Truman, cuando hubiera descubierto el engaño, me habría callado y me habría aprovechado de todos los idiotas que estaban intentando engañarme. Pero la realidad no funciona así. Durante la pandemia fue el momento de mi vida durante el que más duro he trabajado. Yo no era el único Truman, y por lo tanto no podía aprovecharme de aquellos que todavía seguían actuando sin saberlo en el show. Uno no puede aprovecharse de un juego corrupto para poner las cartas a su favor, sino que lo que tiene que hacer es cargarse el juego, pero sin perjudicar a los que intenta salvar. Y más cuando esos son tus alumnos. 

Fue el momento de grabar clases online, de contestar correos a alumnos y padres día y noche, de rellenar informes que no servían para nada —bueno, sí: para hacerte perder el tiempo y que no pudieras centrarte en lo realmente importante—. Fue el único momento de mi vida donde llevé agenda porque necesitaba organizar el trabajo por horas para dar abasto. En gran medida, se sabía lo que iba a pasar: había alumnos que no tenían ordenador o que directamente no se conectaban por no se sabía qué causa, por lo que se suponía que iba a haber un aprobado general, como de hecho ocurrió. Yo también podría haber desaparecido y haber dado el mínimo exigible, pero no: mis alumnos tenían que ser los mejores, tenían que ir bien preparados, pasase lo que pasase. Que los sinvergüenzas de los políticos y sus amos intentaran perjudicarlos, no implicaba que yo pudiera aprovecharme del juego, y no lo hice. Y por lo menos, en lo que de mí dependía, no consiguieron que una vez más triunfara el show de Truman. 

Sin embargo, en aquel entonces todavía no era consciente de la magnitud del espectáculo. Tan solo tras años de investigación me he dado cuenta del entramado teórico-financiero, ideológico, político, jurídico, esotérico, religioso, sexual..., que hay detrás de todo esto, y de cómo los intereses de unos pocos condicionan la vida de todos. Una vez que conoces su lenguaje, sus formas, y cómo usan los símbolos para comunicarse entre ellos, ya no puedes ver otra cosa. Una vez que abres los ojos, ya no puedes volver a cerrarlos. Ves la manipulación en los medios de comunicación, en las redes sociales, en algunos personajes que parecen críticos, pero que llevan muy bien puesto el mandil, como Reverte; la ves también cuando te das cuenta de que alguno con coleta, disfrazado de amigo de los pobres, ha accedido a diputado a fuerza de pasearse por la Cuesta de las perdices de Madrid; la ves en cada una de las decisiones políticas que no van sino encaminadas a perjudicarnos; la ves en un sistema judicial amañado; y la ves, por último, sin que ello agote sus formas, en un sistema educativo corrupto que no está pensado, precisamente, para crear ciudadanos libres, sino vasallos de lo políticamente correcto.

Dicho esto, yo no quería escribir sobre nada en particular, pero tal vez, después de llevar cinco años sin escribir, esto le dé una continuidad al blog, que sigue teniendo por nombre Los caminos inciertos. Quizá la incertidumbre de los caminos que recorremos tenga que ver con lo que al principio decíamos. ¿Es la vida un camino cierto o incierto? El camino es incierto cuando dejamos de consentir que  nuestra vida la dirija otro, cuando nos atrevemos a escribir nuestra propia historia, le pese a quien le pese. Según Píndaro, sólo hay un imperativo en la vida del hombre: "Llega a ser el que eres". Desarrollar la plenitud personal implica abandonar el show, pero también exige volver al show para ayudar a otros. Es lo que en el platonismo se llama dialéctica descendente: el que ha visto la realidad tal como es, tiene la obligación moral de volver a la caverna para intentar rescatar a sus antiguos compañeros de cautiverio. Es algo peligroso. A Sócrates, por eso, le dieron la cicuta. Sin embargo, sus amigos, a los que había salvado de tanta indigencia y de tanta oscuridad, le acompañaron hasta la muerte. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Quizá nada: la filosofía sigue salvando, y algunos no entregaremos las armas porque lo diga otro. Nuestra respuesta es y será, aun cuando sepamos que estamos perdidos: ¡Μολὼν λαβέ! 

"Honor a todos esos que en su vida  Termópilas marcaron y las guardan." *

Le seguimos debiendo un gallo a Asclepio.


* Del poema Termópilas de K. Kavafis

domingo, 5 de abril de 2020

Vivir no es ver volver

"Las nubes dice el poeta nos ofrecen el espectáculo de la vida. La existencia, ¿qué es sino un juego de nubes? Diríase que las nubes son "ideas que el viento ha condensado"; ellas se nos representan como un "traslado del insondable porvenir". "Vivir escribe el poeta es ver pasar". Sí, vivir es ver pasar: ver pasar, allá en lo alto, las nubes. Mejor diríamos: vivir es ver volver."
Azorín, Castilla.


El "vivir es ver volver" azoriniano evoca siempre al Eterno Retorno de Nietzsche: esa perpetua vuelta hacia lo mismo, hacia lo idéntico a sí mismo; esa eternidad circular que siempre regresa al punto de partida y que hace que cada instante sea inextinguible. Azorín entendía esta idea circunscribiéndola a los ciclos y sentimientos vitales. "Mejor diríamos: vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver volver todo angustias, alegrías, esperanzas como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas, como esas nubes fugaces e inmutables".

Hay momentos en el año que, por lo que significan, son sagrados para dar sentido a esa circularidad vital. Son como esas nubes que, aunque siempre distintas, coinciden consigo mismas. La Semana Santa es uno de esos espacios donde la vida se expande y se concentra, formando pareidolias, metonimias y metáforas; es uno de esos puntos de referencia donde uno se detiene, siente y reflexiona. Da igual si eres creyente, ateo o todo lo contrario. Todo lo que hay en ella (la simbología, la música, los olores e incluso los sabores típicos) hace que sea un tiempo propicio para que retorne el sentido, para no perder el rumbo, para saber dónde estamos y ordenar los sentimientos. La Semana Santa es brújula y guía de perdidos; es la rosa de los vientos que orienta la nave de la vida, es el islote donde puede descansar el náufrago para después reorientar el rumbo. 

Hoy es Domingo de Ramos y no ha habido retorno. Este confinamiento ha hecho que este año sea por fin distinto. Las sensaciones han sido otras. El pensamiento no acaba de encontrar asiento en esto que es y que no es. Ha habido gente que ha puesto música en los balcones, marchas procesionales, y han conseguido mostrar más intensamente la falta de lo que debería haber sido. Quieren mostrar la presencia, pero sólo consiguen manifestar la ausencia. No estoy juzgando esto: todos nos rebelamos contra la ausencia de lo que amamos. Es ante la presencia de la ausencia donde el amor se fortalece. La ausencia desespera, puede llevar a la locura, pero no destruye el amor, sino que lo hace más fuerte, más intenso, al menos al principio. Siempre me gusta buscar lo universal del sentimiento; aquello que a todos nos atañe. ¿Quién, alguna vez, no amó más durante la ausencia del ser amado? ¿No le estará pasando eso a mucha gente ahora? ¿Te estará pasando a ti, quizá?

"Pero véate yo y muera;
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da,
el no verte, qué me diera."1

El No-Retorno de lo idéntico ha traído otras cosas conocidas, como la sensación de fracaso y de pérdida, de desamor y de angustia. ¿Acaso sí hay algo que retorna en estos días? El mundo se ha hecho más estrecho. ¿Quién nos devolverá los momentos perdidos? Hoy es Domingo de Ramos y, como tantos otros años, hace un día espléndido. Sin embargo, no se ve lo que hay más allá de la ventana. Atrapados en el torreón de Segismundo, como si estuviéramos presos en una pesadilla, por primera vez en la vida se abre nuestro círculo. Es paradójico que un confinamiento pueda sacarte de tu mundo. Produce asombro ver cómo, encerrados en nuestros espacios más íntimos, hemos perdido todas nuestras seguridades en apenas unos días. Esta novedad construida en el vacío deshumaniza. El tiempo circular es más humano que el lineal. Aún hay que aprender mucho de los griegos. Por primera vez, vivir no es ver volver. O, lo que es peor: vivir es ver volver el desengaño.

                                         

1. Segismundo dirigiéndose a Rosaura en La vida es sueño de Calderón de la barca.



Ojalá pronto seas tú la que vuelva con la vida.




domingo, 29 de marzo de 2020

Dímelo tú



Dímelo    que  lo  ves  todo  y  observas  atenta  por  los  siglos;
dímelo  tú,  que  sabes  de  la  espera.
Dime  si  ella  te  ha  mirado  diciendo  mi  nombre,
o si  ha  querido  ver  mis  ojos  tras  de  ti  en  la  noche  oscura.

Dime  si  ha  mirado  a  alguna  estrella  suspirando,
esperando  que  esa  noche  yo  la  amara.
Dime  si  lloró  porque  me  anhela,
o  lanzó  un  beso  al  firmamento  para  mí.
Dime,  si  maldijo  mi  nombre  por  la  espera,
o  si,  tal  vez,  nunca  me  amó  y  soñó  con  otro.

Dime  tú,  oh  Luna,  todo  lo  que  sepas;
  que  eres  testigo  de  la  noche
y  sabes  más  que  nadie  de  amores  escondidos.

Dime  si  ella  también  maldice  al  tiempo,
al  tiempo  eterno  en  que  anhela  mi  presencia.
Dímelo  tú,  que  ya  lo  has  visto  todo,
eterna  compañera de amantes olvidados.


Juan José Gómez Tornero 


miércoles, 11 de marzo de 2020

La importancia de tu alegría


Amor, cuando te miro y estás triste 
me dejaría la vida, el alma, por conseguir 
una sonrisa que te llenara el rostro.

Si tú sonríes, se ilumina el mundo,
o al menos ese lugar que habito
taciturno si no brillan tus ojos.

Si falta tu alegría, se va el sentido,
y ya sólo pretendo robarte una sonrisa,
y me emociono si lo consigo
y fracaso como hombre si sigues abatida.

¡Qué hermosa eres, amor!
Te miro y te encuentro bella,
fecunda de misterios,
de ideas que cruzan tu pensamiento como galaxias...

Todo me gusta de ti:
tus ojos hechos de estrella,
tu pelo de mar..., de olas...,
tus labios de sangre y vida, 
tus manos de calma y sueño...,
los lunares que adornan tu rostro, amor.

¡Qué bella eres! 
¡Qué mundo inmenso es tu cuerpo!
¡Qué maravilla insondable!

¡Muéstrame la alegría de tu amor!
¡Que yo sepa que me amas y no dude más!

¡No dudes más, amor!
Ámame para siempre
y te amaré por siempre.


Sólo a ti te quiero.

                                          Juan José Gómez Tornero

viernes, 14 de febrero de 2020

Botella al mar


Amor mío...

Esta noche pienso en ti. Solo, en este salón que me cobija. Hace rato que se fueron todos, y he aprovechado para pensar en ti.

Imagino tu sonrisa blanca, tus ojos de sol, el temblor de tus labios buscando los míos...

He abierto una botella de buen vino. Me he servido una copa, y después otra. ¡Qué pena no poder compartirlo contigo! Todo lo bueno me atormenta si no puedo disfrutarlo junto a ti. Tiraré la botella al mar con esta carta, por si alguna vez la encuentras. ¿En qué pensarás mientras la escribo? ¿En qué piensas ahora, amor? Espero que la fuerza y el ardor de mis pensamientos te alcancen allá donde estés y hagan que te acuerdes de mí, aunque sea un instante.

Ardo en deseos de tenerte, de sentir tu cuerpo claro, tembloroso, entre mis brazos. Ojalá tú desearas también ser toda mía. Toda mía, amor... Que tu ser me perteneciera sólo por el amor que sientes; que no quisieras otra cosa que estar conmigo. No sé si tú sentirás lo mismo. Quizá sea demasiado peligroso este juego. ¿Será posible este gran amor?

Recibe un beso en tu boca bermeja y otro en tu frente de reina.

Sólo a ti te quiero.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Mírame

Cómo me gusta tu felicidad si la compartes conmigo.
Pero si me ignoras, ¿qué sentido tiene esto? 
Aunque estés cerca, te echo de menos, 
y si no me miras..., 
me abandonas..., 
me abandono... 

Me vas a matar de amor. 
¿Por qué eres tan cruel? 

¡Mírame, amor, mírame! 
Mírame y dame la vida; 
mírame o se desvanecerá el sentido para siempre.

Sólo en tu mirada soy eterno. 
Sólo a ti te quiero.


miércoles, 23 de octubre de 2019

Tal vez si tú estuvieras

Amor...
Tal vez si tú estuvieras,
no habría soledad ni habría desierto,
habría sonrisas y caricias,
besos...

Sólo tu ausencia explica
que este papel en el que escribo
se esté llenando de palabras
muertas...

Tal vez si tú estuvieras...,
la cama ahora estaría deshecha
y esta poesía no tendría sentido,
amor...

Sólo tu ausencia explica
el misterio de esta noche de fuegos apagados,
el recuerdo en el que estás,
pero no estás...

Tal vez si tú estuvieras...,
se desvelara el sentido,
y yo también estuviera, y fuera,
dentro de ti...

Amor...
Tal vez si tú estuvieras...

        Juan José Gómez Tornero



jueves, 10 de octubre de 2019

Sólo en tu cuerpo



Dos luceros me miran con tus ojos,
el mundo se me hace luz en ellos.
Me conozco a través de tu mirada,
y me desvelo, y tiemblo…

Si de tus labios un suspiro escapa,
y de tu sonrisa yo soy el motivo,
¿cómo pudiera mi corazón no amarte,
mi ser entero no inflamarse como llama?

Soy en tu cuerpo deseo y alegría,
de tu regazo amor y fuego dentro.

Soy en tu cuerpo, mi amor...
sólo en tu cuerpo.



Juan José Gómez Tornero  


    

jueves, 18 de julio de 2019

El silencio


Últimamente no escribo nada. Es como si la palabra no fuera a llevarme a ninguna verdad, como si todas las verdades estuvieran hechas de silencio: de contemplación y de silencio. Sólo a veces alcanza la poesía a tocar con la punta de los dedos alguno de los misterios, y a retirar fugazmente el velo del arcano.

viernes, 29 de junio de 2018

Buscando paraísos en la nada



Ya todo parece ruina...
¿El mundo?
Todo lo he destruido.
Nada queda.

Sólo el amor resiste
a malas penas
la embestida,
y se desangra a borbotones.

Muerto el amor,
¿quién sobrevivirá al verano?
Ése que será tan frío sin ti,
tan frío y desalmado como tú.

Solo y frío como un muerto estaré yo;
finado del amor y de la vida;
buscando paraísos en la nada...

Sin ti... Sin nadie...
Donde sólo tu ausencia sea.
Donde ni la sombra habite.

Juan José Gómez Tornero                     

domingo, 3 de septiembre de 2017

Posverdad e independentismo catalán


Hace ya unos cuantos meses que vengo escuchando la palabra posverdad de tertulia en tertulia. A mí siempre me impacta y me sorprende que un puñado de tertulianos, algunos de los cuales no tienen ni idea de filosofía, empiecen a usar y a abusar de un término filosófico que no saben lo que significa ni de lejos. El resultado de esto es que se devalúa el término y que, de repente, tenemos una palabreja de moda que queda muy bien usar en determinados círculos para dar una apariencia de falsa erudición y de profundidad impostada. Por otro lado, tenemos una élite más culta que la anterior que se distancia del término e incluso se burla de él con la pretensión de distanciarse, a su vez, de una masa deseosa de modas y novedades. 

Asumiendo, pues, que esto es un campo sembrado de habas, voy a intentar encuadrar el problema con algunas preguntas pertinentes: ¿Qué es la posverdad? ¿Es la época en la que vivimos la época de la posverdad? Si es así, ¿qué implicaciones éticas, políticas, sociales, antropológicas, científicas, religiosas, e incluso individuales y personales tiene esta cuestión? Estas preguntas son las que deberíamos tratar de responder, porque al responderlas estaremos entendiendo mejor nuestro tiempo, nuestro mundo, y, en definitiva, a nosotros mismos. Visto así, creo que el término deja de ser algo que pueda manosear cualquiera y adquiere su relevancia justa.

En este post no podré hacer frente a todas estas cuestiones, porque, de hacerlo, esto dejaría de ser un post y pasaría a ser un libro. Éste será un artículo en el que intentaré analizar el problema del independentismo catalán a la luz de la problemática de la posverdad. Sin embargo, antes procuraré clarificar un poco el término posverdad, atendiendo a la primera pregunta del párrafo anterior.

Para saber qué es la posverdad, lo primero que tenemos que hacer es atender al término mismo. Si hablamos de una pos-verdad, será porque antes existía una verdad que, o bien hemos rechazado, o bien hemos refutado, o, sencillamente, hemos destruido. Si aceptamos que antes había una verdad, el problema queda resuelto. ¿Por qué íbamos, desde la buena voluntad y la inteligencia, a rechazar o a negar la verdad? Si por el contrario, hemos descubierto que lo que creíamos que era la verdad no lo era, el término posverdad parece que no resulta del todo adecuado, pues lo anterior a esa posverdad no era la verdad. Y por último, si hemos destruido la verdad existente, espero que estemos preparados para crear nuevos valores, como bien afirmaba Nietzsche, y a la altura del nuevo hombre que viene, porque nos enfrentamos a la autodestrucción, si no creamos valores que estén por encima y que sean más nobles que esa verdad antigua. Sin embargo, yo descartaría esta última opción básicamente porque, desde mi punto de vista, no es posible. ¿Es posible destruir la verdad? En mi opinión, sería posible no verla, negarla, o no aceptarla en base a algún tipo de interés, pero no destruirla. Para destruir la verdad, hemos de aceptar que existe, y, si existe, ésta siempre estará ahí esperando que alguien la encuentre, la ame y la disfrute. La verdad, si es verdad, no se destruye. Decía San Agustín en sus Confesiones que Dios está "donde se saborea la verdad".

Sin embargo, esta primera cuestión no se agota en un análisis del término posverdad. Más bien simplemente empieza. Y es que hay otro término con el que también se hace referencia, y, tal vez de manera más acertada, a lo que hasta ahora hemos venido llamando posverdad: me refiero a la palabra posfactualismo.  El posfactualismo (y nuestra época es posfactualista) es una especie de propensión a renunciar a los hechos para explicar incluso situaciones de la vida cotidiana. Se habla de hechos alternativos y se dan explicaciones haciendo alusión a datos que es difícil o imposible contrastar, entre otras cosas porque muchas veces son inventados y no están apoyados en algo fáctico. El posfactualismo o posverdad contraviene, de manera consciente o inconsciente, la objetividad y cualquier método que pudiera considerarse científico. En el ámbito de la política, hemos llegado a un punto en el que los hechos no importan para hacer un análisis de cualquier cuestión o situación. Se obvian los hechos y se venden utopías a granel. Hace no mucho tiempo, para hacer un análisis político serio, había que contar con los hechos. En nuestra época parece que esto ya no sucede exactamente así. Y todo ello se manifiesta incluso en el periodismo profesional, que se ha dejado arrastrar por esta corriente de desprestigio de lo factual.

Actualmente, en España tenemos el problema del independentismo catalán como un caso que podría considerarse paradigmático de posverdad o posfactualismo. Los líderes independentistas están vendiendo que una Cataluña independiente es posible en el marco actual, y que ellos podrían declarar la independencia unilateralmente y mantener a Cataluña dentro de la Unión Europea. La realidad, sin embargo, es bien distinta. Cualquier observador mínimamente informado sabe que esas declaraciones no están en consonancia con los hechos actuales, ni con los que tendrían que darse de facto, para que eso fuera verdad. En primer lugar, el referéndum que quieren hacer no cuenta con ningún tipo de garantías, ni tan siquiera con unas mínimas garantías censales. O sea, que ya empezando por ahí, en el caso de que celebraran algo parecido a un referéndum, no tendría ningún tipo de validez objetiva. Por otro lado, para cambiar la Constitución Española, hace falta un proceso largo y en el que debe de haber bastante consenso, cosa que en la actualidad brilla por su ausencia. No basta con que un presidente de una comunidad autónoma declare la independencia de una parte del territorio para que eso surta efecto. Entre otras cosas porque no tiene ni la potestad ni el derecho ni la fuerza para hacerlo. Ni tan siquiera aunque contara con el apoyo del la mayoría de los ciudadanos catalanes. No obstante, en el caso de que fuera declarada la pretendida independencia, sin recurrir al mecanismo constitucional adecuado, y sin el consentimiento expreso de la mayoría de los españoles, ¿alguien podría decirme qué pasaría? La respuesta es que no pasaría absolutamente nada. Por eso Rajoy (que ahora de cara a la galería aparenta haberse puesto serio con este asunto) está tan tranquilo y no ha movido un dedo. Rajoy no ha movido un dedo porque no tiene que moverlo para que no pase absolutamente nada, aunque se declare la independencia de Cataluña. Por desgracia, la política de no hacer nada que practica nuestro presidente no es inocua para España, ya que implica que desde la Generalidad se permiten practicar una política de hechos consumados que está quitando derechos a muchos ciudadanos en Cataluña, sin que nadie plante cara a ese desafío continuo. Pero una cosa es no permitir por una parte, y consentir que no se permita por la otra, que se rotule en castellano (que ya de por sí es una aberración liberticida) y otra romper el Estado-Nación más antiguo de Europa.

No declararán la independencia. No creo que se atrevan. Los artífices de esta farsa saben perfectamente las consecuencias que podría traerles (a ellos sí, que no a España) una declaración unilateral de independencia. Inmediatamente, el Tribunal Constitucional anularía la declaración, y se podría destituir de sus puestos y ordenar detener a los responsables de esa declaración. Aunque ellos digan que no reconocen a la justicia española, la justicia española, y la ley, sí los reconoce a ellos, como afirmaba el otro día Arcadi Espada en este artículo. Los independentistas podrían ser juzgados (si algún juez valiente se decidiera a juzgarlos por los delitos verdaderamente cometidos y no por otros de segunda clase, como ha venido sucediendo hasta ahora) por golpistas, por alta traición, por sedición y por malversación de fondos públicos. Y es de suponer que ese tipo de delitos conllevan penas de cárcel elevadas y multas cuantiosas. En caso de ser necesario, si es que la cosa se fuera un poco de las manos, el gobierno simplemente recurriría a la Ley de Seguridad Nacional o al estado de excepción en el peor de los casos, o aplicaría el artículo 155 de la Constitución y se convocarían elecciones autonómicas en Cataluña. El artículo 155 dejaría de aplicarse cuando Cataluña tuviera un nuevo gobierno que reconociera la Constitución. El asunto no irá más allá en ningún caso. Y no creo que llegue ni mucho menos a esto. Por muy posfactualista que se sea, los hechos son los hechos. La realidad se impone, y el estado de derecho es muy fuerte. No se lo puede saltar cualquiera a la torera. Decía Rousseau que "la fuerza no engendra derecho", pero es que los independentistas no tienen ni el derecho a saltarse el derecho, ni la fuerza para saltárselo. Carlos Herrera, el otro día, en su programa en Cope, afirmaba que, para hacer una tortilla como la que quieren hacer los independentistas catalanes, lo primero que hay que tener son huevos, y después estar dispuesto a romperlos. No harán tortilla los políticos catalanes. Mientras tanto, miles de ciudadanos viven en una utopía permanente porque han creído a cuatro ladrones de guante blanco que lo único que quieren es declarar la independencia para ver si no los juzgan por lo que han robado a los catalanes y al resto de españoles. No lo conseguirán. Puede que consigan justo lo contrario, y acaben siendo juzgados por latrocinio y por cosas peores. España, aunque le pese a muchos, no es un estado tan débil, a pesar de sus múltiples problemas internos, de sus políticos cobardes, y de haber cometido el gravísimo error de dejar la educación en manos de las autonomías.

En definitiva, este afán por ignorar los hechos y por crearse una película propia es posiblemente la característica que mejor define a la posverdad. De momento, el problema real de Cataluña no va mucho más allá, porque aunque se soslayen los hechos, la realidad es tozuda y re-siste firme ante nuestras interpretaciones más falaces, utópicas o fantasiosas. Y cuanto más falaces son, más se resiste esa realidad que parece que no hiciera sino estorbar. La posverdad impuesta por los políticos independentistas sólo se sostiene por el continuo martilleo en las redes sociales y en los medios afines y no tan afines que entran al trapo de esas interpretaciones falseadas de la realidad, sin que ninguno de esos medios, ni tan siquiera los más serios, analice la situación objetivamente y desmantele el disparate. Todos han decidido seguirle la corriente al loco, igual que en la primera parte del Quijote, en la venta de Maritornes, todos los presentes deciden afirmar ante el barbero, al que Don Quijote ha robado la bacía, que aquello no es bacía sino yelmo de Mambrino. En este caso lo hacen por evitar un daño mayor, ya que Don Quijote está dispuesto a matar al barbero si se le ocurre intentar siquiera recuperar la bacía. Pero en el caso de Cataluña no termino de saber si es que nos hemos vuelto todos locos y nos hemos creído verdaderamente que la bacía es el yelmo de Mambrino. En medios nacionales tan reputados como pueden ser El País, o El mundo, se escriben artículos, un día sí y otro también, donde se avisa a Cataluña de que quedaría automáticamente fuera de la unión europea y de la OTAN, si se declarase la independencia de manera unilateral, y de que España podría vetar su entrada indefinidamente en la Unión, etc... Todo lo cual, no deja de ser cierto a medias. Y digo a medias, porque para que todo ello fuera verdad, el relato independentista tendría que ser cierto de cabo a rabo. Sin embargo, lo que verdaderamente sucede, aunque nadie avise a los catalanes de ello, es que no pueden declarar la independencia, y que, de hacerlo, esa declaración no tendría ningún efecto político práctico. Y lo mejor de todo: no tendrá ningún efecto aunque el gobierno no haga nada más que recurrir a los tribunales, que es lo que está haciendo. Pase lo que pase, en ningún caso tendrá el gobierno que hacer nada que esté fuera de la ley o de la Constitución para frenar este despropósito llevado a cabo por una banda de políticos sediciosos y ladrones que lo que quieren es ver cómo se escabullen del bar con el botín y sin pagar la cuenta. Ése es el verdadero problema: la cuenta del 3%, que después resulta que era del 4%.

Cuando te la juegas a doble o nada, la mayoría de las veces es nada. La mafia y la banca deberían saberlo.


viernes, 6 de enero de 2017

¡Feliz 2017!


- ¡Feliz Año Nuevo, Antonio!
- ¡Igualmente, Pepe!
- A lo mejor es el último.
  (Risas)
- ¡Por lo menos aún estamos vivos, y nos podemos comer algo!
  (De nuevo risas)

             -De esta manera se felicitaban el año nuevo el otro día dos viejos amigos, sin saber que yo los escuchaba. Y cuando digo dos viejos amigos me refiero a que los dos tenían al menos ochenta y cinco años. No sé: me hizo gracia el comentario y quería reflejarlo en el blog, para no olvidarlo. Esperemos que estos entrañables abueletes se feliciten el año nuevo muchas veces más, aunque ya sepan que la vida es demasiado corta.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad


Era una playa amplia y poco visitada. Kilómetros de arena y soledad. Al subir la marea las olas llegaban cargadas de espuma y arrastraban docenas de estrellas de mar. El sol en la mañana y la luna en la noche hacían brillar a las pobres estrellas varadas en la arena. Un hombre caminaba todos los días por la playa y contemplaba con tristeza la escena. Ese día vio también un niño que iba recogiendo estrellas y las devolvía al océano:

- ¿Por qué haces eso? -le preguntó.
- Ha bajado la marea, el sol brilla con fuerza, y, si estas estrellas se quedan aquí, se secarán y morirán.
- Hay miles de kilómetros de playa repartidos por todo el mundo. Hay cientos de miles de estrellas por todas esas playas. Y tú, aquí, te dedicas a devolver al océano unas pocas. No creo que esto influya mucho. ¿Qué importancia puede tener?

El niño miró al hombre, recogió otra estrella y la arrojó al mar y le dijo:

-Para esta sí tiene importancia.

Al día siguiente, el hombre y el niño, juntos, se pusieron a devolver estrellas al océano. El sol seguía calentando en el cielo azul, el mar rompía en la playa llenando con su sonido la soledad y algunas estrellas volvieron a encontrarse con la vida.

*

No sé quién escribió este cuento, ni cuándo decidí copiarlo. Sólo sé que he encontrado el texto en un word que tenía en alguna carpeta perdida del ordenador, y me gusta para compartirlo con vosotros. Espero sea de vuestro agrado y os deseo una Feliz Navidad.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Es tan corto el amor...


Amores misteriosos, de ojos negros, de sudor, de agua de mar. 
Amores de cuerpos calientes y arena; de besos con sabor a sal. 
Amores que van, que vienen, que vuelan; se esfuman. 
Cortos amores de verano; y olvidos: largos olvidos.

martes, 16 de agosto de 2016

Presagios de otoño


Se oye el rumor de las gotas caer:
lluvia tranquila de agosto. 
Miro por la ventana
y veo la calle vacía.
El agua trae calma y todo lo empapa.

Mi corazón también se inunda:
la lluvia le trae un rumor de nostalgia,
y de la soledad, la certeza.

Un presagio de otoño me acecha:
sin ti habré de estar cuando caigan las hojas,
cuando las noches largas devoren el alma y el mundo aparezca
como una vieja iglesia en la que el viento y el rayo amenazan las ruinas.

Todo lo explicará tu ausencia:
como si fuera algo.

                                                                                             Juan José Gómez Tornero


jueves, 4 de agosto de 2016

Consecuencias de tu presencia o ausencia


Cuando tú estás a mi lado, todo lo demás no importa, porque tú estás a mi lado.

Cuando tú no estás a mi lado, todo lo demás no importa, porque tú no estás a mi lado.

Conclusión: sólo tú importas; nada más importa.



domingo, 24 de julio de 2016

Viaje



“Ruega a los dioses que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que arribes con alegría y con gozo
a puertos que antes ignorabas.”

He pasado unos días de viaje con un buen amigo. La misma expresión “estar de viaje” implica que un viaje no es algo que perdure indefinidamente en el tiempo. De lo contrario, el viajero correría el riesgo de convertirse en vagabundo o en náufrago. Normalmente, los viajes suelen ser de ida y vuelta: periplos que, por su propia condición, se acaban, pero que conllevan la paradoja de perdurar en el alma y de dejar en ella su impronta, sin que ello presuponga que esa marca que dejan sea alegre o triste, positiva o negativa. Los viajes siempre nos cambian. No somos los mismos después de haber viajado. Es por ello que siempre tienen algo de iniciático aquellos que hacemos para cerrar una etapa y empezar otra. Cada persona debería marcarse un ritual para clausurar antiguos procesos que acaban y abrir nuevos proyectos que empiezan. Igual que en las corridas de toros suena el clarín para el cambio de tercio, en nuestras vidas debería de haber una especie de rito de paso que nos ayudara a tomar conciencia de que algo viejo termina  y algo nuevo comienza. Estos pequeños viajes que hacemos son una buena opción para ello, ya que en el fondo son etapas del viaje de la vida, que es un viaje interior, y cuyo principio y fin somos nosotros mismos. Nosotros mismos intentando, a través del autoconocimiento, cumplir el imperativo pindárico: “Llega a ser el que eres”.

Uno aprende a conocerse mejor a sí mismo cuando viaja, aunque sólo sea por unos días. Y me refiero al aspecto mental y espiritual, pero también al físico. El simple hecho de cambiar de dieta hace que podamos observar, si prestamos la suficiente atención sobre nosotros mismos, cómo reacciona nuestro organismo ante la presencia o ausencia de ciertos alimentos.

Cuando uno viaja imagina lo distinta que podría haber sido su vida de haber nacido en una de esas ciudades por las que pasea. Te cruzas por la calle con innumerables personas que no conoces, y entonces, al mirar sus rostros, piensas que, tal vez, muchas de ellas podrían haber sido tus conocidas, tus amigas, tus confidentes… De la misma manera, cuando ves a esas mujeres preciosas, sabes que, de haber nacido allí, algunas de ellas hubieran sido tus amantes; y una de ellas tu amor, la idea fija y la locura.

Se cae en la cuenta de la gente que no habrías conocido de haber vivido en un sitio distinto. Para empezar, los compañeros de trabajo y el trabajo mismo habrían sido otros. Se piensa, también, en esos pocos amigos especiales que regala la vida, que son cuatro o cinco y ni uno más, y a los cuales no habrías tenido la suerte de conocer en el caso de ser de otro lugar. La vida sería más difícil sin ellos, aunque hubiera otros cuatro o cinco en ese otro lugar que también lo fueran y que hicieran más fácil el camino. Y es que, conforme avanza la vida, uno se va dando cuenta de lo difícil que es haber encontrado un amigo de verdad: uno de esos pistoleros dispuestos a luchar a tu lado, a desenfundar el revólver al cruzar cualquier esquina y a jugarse el pellejo por ti, pase lo que pase y contra quien sea.

Todos nosotros seríamos otros, si cualquier aspecto de nuestra vida no hubiera acaecido o lo hubiera hecho de otra manera. Pero hay algo que no varía: seguiríamos buscando el sentido de todo acaecer y acontecer, intentando ser aquello que somos.

Por si alguien se lo está preguntando, las ciudades que he visitado durante mi viaje han sido Santiago de Compostela y Lisboa, aunque eso, quizá, sea lo de menos.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Nihilismo para un amante desesperado


Gira la rueda del retorno,
y no para, (y no puede parar),
y sube, y baja, y baja,
y no hay nada de nuevo en ese anillo.

El Sino ineluctable acecha en el camino.
La libertad es fantasmagoría;
la vida... un mirar en el abismo;
el amor... el salto que aniquila.

El Ser nunca fue más que la Nada.
El Todo resultó ser el No Ser.

                                                                                  Juan José Gómez Tornero


lunes, 9 de mayo de 2016

A ti...



A ti, rígida y vieja
que aguantas el vaivén de los vientos,
que impertérrita desafías al huracán;
cuánto daría por parecerme a ti,
por ser enhiesto y firme como tú.

Cómo quisiera, a través de los siglos,
a través de mil eras, enfrentarme a ella,
sin caer de rodillas suplicante,
sin desear más un beso de su boca.

Cuánto gustara yo de ser como tú, montaña,
que no conoces,
que no sientes dolor,
que eres muda, inerte, fría... y eterna.


                                                                                                                    Juan José Gómez Tornero